viernes, 2 de noviembre de 2012

Koh Poda

 Hola a todos!

Como ya dije en el post anterior, la excursión a la Isla Poda la he dejado para postearla aparte, pues quiero que veais la belleza de este paraíso, bastante desconocido. Espero que lo disfrutreis.

Ya estando en Ao Nang, había visto algunas propagandas de una excusrión que se llamaba El Tour de las Cuatro Islas, que salía por la mañana para explorar cuatro islas cercanas a la costa y volvía sobre el atardecer. Estas excursiones incluían material para hacer snorkel, tiempo para tomar el sol o andar por la playa, desayuno, comida, fruta, agua... Pero no me apunté porque eran demasiado caras para ser cuatro desconocidas islas de Krabi.

Pues bien, desde Railay alguien me comentó que era posible acceder a estas islas en kayak desde la costa, y que tardaría aproximadamente una hora en llegar, siempre dependiendo de la resistencia de mis brazos claro. Pues se lo propuse a mis amigos franceses y decidieron apuntarse. Así que después de un enérgico desayuno, compramos agua y galletas para pasar el día y negociamos con los dueños del albergue el precio para todo el día en kayak. Al final nos lo dejaron por 400 baths (10 euros) incluyendo material de snorkel y una mochiña impermeable donde guardar nuestras pertenencias. En otros lugares valía el doble sin material ni bolsa, así que nos pareció un buen trato.

Era nuestra primera vez en kayak para los tres, así que para comprobar cuanto cansaba este deporte, nos dirigimos a la playa de Railay oeste, donde a  escasos metros de la cosa se levanta una alta pero pequeña isla. En los diez minutos del trayecto que llevaba a esta isla nos convencimos de que no era para tanto, y que podríamos llegar a las cuatro islas del tour sin problemas. Eso sí, antes de partir habría que inspeccionar un poco el fondo marino, pues el agua brillaba en un azul claro casi turquesa, en un camino de mar abierto en mitad de la isla. Metimos los kayak en una cueva marina, para que no se fuesen, y nos pusimos las gafas para hacer nuestra primera ojeada al fondo del mar tailandés. Lo que veíamos era increíble. El agua es tan clara en tailandia que con las gafas pueden verse varios metros a lo lejos con total claridad. Peces de colores, erizos gigantes, cangrejos y corales se mostraban ante nuestros ojos.

Después de quedar satisfechos admirando la belleza de la isla de Railay, Nos aventuramos a cruzar el charco. Dicen que entre Railay y la isla más cercana de las cuatro, Poda, hay 8 kilómetros. No se si es exactamente esta distancia, lo que si se es que después de una hora remando, la espalda y los brazos empiezan a endurecerse y un ligero dolor empieza a recorrer los músculos del cuerpo. Pero eso sí, ya estabamos en Poda, en este momento visitaba la primera isla paradisíaca de Tailandia.

Al acercarnos a la orilla el agua iba cambiando de verde a turquesa. Si mirabas al fondo a través del bote podía verse como atravesábamos un gran arrecife de coral, se veía claramente todo lo que había bajo el agua, como si el mar estuviera seco, como si el agua fuese aire. Es increíble entrar a la isla a remo y poder ver miles de peces de colores apartandose a nuestro paso, rodeando el kayak.

Al llegar a la orilla un simpático e interesado vendedor de helados nos ayudó a subir el kayak unos metros playa adentro, pues hay que controlar que la subida de mareia no acabe por llevarse el bote en un despiste. Y ahora sí era nuestro momento. Una larga playa de arena blanca, la jungla a nuestras espaldas, un agua totalmente transparente, unas gafas y un tubo. Al meter los pies en el agua no me lo podía creer, pues se pueden ver con total claridad y detalle. Os he dejado una foto de mis pies en el agua para que podáis aprecidar la cristalinidad de estas aguas. También os he puesto una foto que me hicieron mis amigos sumergienome bajo el agua. En esta cuesta más apreciar el detalle, pues para aguantarse bajo el agua sin flotar es necesario moverse mucho, y el agua en movimiento no queda tan nítida en las fotos. Pero de todas formas es impresionante.

Después de un rato alucinando con las vistas externas del fondo marino y nuestro cuerpo en él, era hora de inspeccionar más profundamente. Nos pusimos las gafas y empezamos el snorkel. No puedo describir lo que puede verse en un fondo marino como este. Los corales abundaban por todos sitios, entre ellos se escondían erizos de diferente tipo, algunos blancos, otros grises y otros de un negro brillante, con larguísimas puas y un gran ojo de color azul fluorescente. Y lo más impactante de todo, los peces. Miles de peces de colores se bañaban en las calidas aguas de Koh Poda. Y además de preciosos son peces curiosos y valientes, pues se acercaban en decenas para inspeccionar que era lo que acababa de entrar al agua, es decir, yo, y me rodeaban en un momento entre extrema belleza natural e incomodidad por miedo a lo desconocido. Al fin y al cabo son peces, nada malo pueden hacerme. Aunque si he de reconocer que algun bocadito me llevé, eso si, no duele nada, solo asusta.

Los peces más comunes en esta playa son unos atigrados, con rayas negras y amarillas. Pero también se pueden ver peces de otros colores, corales de extravagantes formas, y curiosas plantas marinas que se esconden tras nuestro paso por las rocas. Para que os hagais una idea os he dejado una foto de los peces amarillos y negros. Sí sí, está hecha desde fuera, con un agua tan clara solo es esperar y disparar.

Justo en frente de Poda, hay una pequeña isla vertical, a la que decidí ir a explorar. Mis amigos prefirieron descansar en la arena. En menos de diez minutos llegaba a la pequeña isla, y decidí darle la vuelta entera. En ella encontré cuevas, estalactitas, montones de conchas incrustadas en las rocas y algunos visitantes más que bordeabanla isla con kayak.

De vuelta a Poda vi que los franceses habían desaparecido (luego me enteré que estaban muertos de hambre y fueron al único bar de la isla, pues es lo único que hay a parte de arena jungla y preciosas playas. Así que como aúnme quedaban fuerzas decidí darle la vuelta a Poda. Claro que la isla no es pequeña, pero con unpoco de esfuerzo lo conseguiría. Rodeando la isla encontré más cuevas, más estalactitas, zonas de corales preciosos, y alguna minúculas playas en las que paré para notar la sensación de estar solo en una playa desierta. También encontré algunas cuerdas instaladas en los muros verticales, que servían de apoyo para escalar y saltar de cierta altura. Como no, tuve que probarlo, una gran experiencia, adrenalina a tope.

Al llegar a la otra cara de la isla, un nuevo paraíso se extendía ante mis ojos. Pero, ¿como puede ser que un paríso mejore a otro? Una larga playa de arena blanca, desertica (tan solo tres chicas tomando el sol) en un mar de un palmo de profundidad que se mantenía así hasta llegar a la isla vecina. Claro está que el kayak no se movía con los remos, pues tocaba fondo, pero después de tantas horas remando, andar un poquito tirando de él no me iría mal. Metros y metros de aguas cristalinas, más peces y lo mejor, las vistas de otra isla desierta delante de mis ojos, y la posibilidad de ir andando. Pero esta vez no podría ser. Pronto anochecería y no tendría tiempo de volver atrás. Así que até el kayak a una rama y dejé mi cuerpo flotar en el paisaje marino más bello que he visto nunca.

Y así, tomando el sol en el agua, aparecieron mis amigos franceses. Sería hora de volver a Railay. Despedimos el paraíso con unos chapuzones, y empezamos a remar de vuelta. Tras siete horas en el kayak, la vuelta se me hizo larguísima. El dolor de músculos se agudizaba. Me dolía todo el cuerpo, pero estaba en mitad del oceano, así que tendría que remar sí o sí. Con todo el sufrimiento del mundo llegamos a Railay. Y aunque la vuelta se haya convertido en un infierno, ha merecido la pena navegar por el paraíso durante todo el día. Fuimos a celebrarlo con una Chang fresquita y un buen plato de Pad Thai.
















1 comentario:

  1. wawwww amazing!!!
    Nosotros nos levantamos con la misma idea que vosotros, alquilamos el kayak, empezamos a remar y... a los 10 minutos Carlos se negó a tirar de mi durante 1h jaja así que cambiamos el rumbo y nos conformamos con llegar a la playa de Phra Nang!
    Pero veo que había recompensa al gran esfuerzo! Precioso!

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