jueves, 20 de diciembre de 2012

Redescubriendo Bangkok


 Hola a todos!

Después de dos días viajando, por fin he llegado a Bangkok. Hoy hace justo un mes que dejé esta ciudad, y parece mentira la diferencia de desarrollo económico que hay entre Tailandia y Camboya y como se siente el cambio al cruzar la frontera. Es uno de los motivos por los que prefiero cruzar las fronteras por tierra más que volar entre aeropuertos, y es que con tan solo cruzar a pie esos escasos metros entre las dos aduanas, que son tierra de nadie, ya se aprecio el avismo diferencial entre dos paises. En el caso de Camboya y Tailandia, el simple hecho de cruzar la frontera hace que de repente el aspecto fisico de la gente sea diferente. Por ejemplo en Tailandia tienen rasgos más achinados mientras que en Camboya son más morenos de piel y de ojos más grandes. Otro aspecto que se ha hecho muy presente en este cruce de frontera han sido las infraestructuras. Al volver a tailandia he recordado lo que es una autopista (en Camboya no existen), es más, he recordado lo que es una carretera, pues en Camboya un alto porcentaje de las vias son caminos de tierra y el resto son carreteras en pésimo estado, llenas de agujeros y muy estrechas. Pues lo que no supe apreciar bien del todo en mi primera visita a Tailandia lo he podido comprobar ahora, y es que Tailandia, y más en la zona de la gran capital, es un país moderno, cómodo, avanzado y con un nivel económico bastante superior al del resto de sus vecinos. ¿Será porque es el país más visitado del sureste asiático? Pues una buena parte de Tailandia vive del turismo. Claro que tampoco puedo generalizar, pues de Tailandia solo he visitado las zonas turísticas, las playas del sur y Bangkok.

Pues en esta segunda visita a la ciudad he querido darme la oportunidad de redescubrir Bangkok. Al principio había pensado en hacer algunas excursiones que hay a pocos kilómetros de la cuidad, pero una vez en la ciudad he decidido quedarme para conocer algo más allá de la zona turística que viví hace un mes. De todas maneras, nada más llegar a Bangkok me he dirigido a Khao San Road, la calle donde cientos y cientos de mochileros pasan sus dias entre bares musicales, hoteles, restaurantes y tiendas de ropa. Pero esta vez sería solamente para dormir, si la alta musica nocturna me deja pegar ojo. ¿Por que Khao San Road? Porque es el lugar para dormir más barato con diferencia de toda la ciudad. Cuando en el centro cobran de 700 baths para arriba por una habitación yo solo pago 100 baths. Estamos hablando de diez euros de diferencia.

Bueno, pues mi primera visita en Bangkok ha sido a los grandes mercados de venta al por mayor de la ciudad. Al bajarme del taxi en una de las puertas de un mercado (no me preguntéis el nombre que no me acuerdo), no podía creer lo que estaba viendo. Miles y miles de tiendas ofreciendo todo lo imaginable a precios rebajadísimos. Y os preguntareis que hago yo aqui si no voy a comprar nada, ¿verdad? Los viajeros de largo plazo no podemos gastar dinero cosas innecesárias (por bonitas que sea) ni podemos cargar con peso extra en la maleta, pues viajamos con espacio reducido y cuanto menos peso mejor para nuestra espalda. Bueno, pues el motivo de por que he venido a este mercado es por negocio. Los que me conocéis ya sabéis que el año pasado hice algun negocio en India. Pues me han dicho que el negocio en Tailandia también es muy bueno, y lo he querido comprobar con mis propios ojos. Nunca se sabe a que se va a dedicar uno en el futuro y es mejor estar bien informado de las buenas oportunidades.

La verdad es que tuve que contar hasta tres antes de meterme en el bullicioso mercado. Miles de personas buscando la ganga de sus necesidades, gente de todos los países regateando duro para obtener los mejores precios, y entre los vendedores, una mezcla cultura entre Thais, Indios, Nepalíes, Chinos, Birmanos, y demás países de Ásia, todos con su negocio abierto buscandose la vida con la compra venta de artículos. Y el producto estrella de Tailandia, el top en ventas es toda la gama de Tablets y Smartphones del mercado a unos precios de escándalo, todo ello posible gracias a la indústria de la imitación, que produce idénticas copias de los artículos tecnológicos de las primeras marcas mundiales con diferentes calidades a gusto del consumidor. En estos mercados conseguir un Iphone 5, un Galaxy III o un Ipad III por 80 euros es de lo más sencillo, y encima ofrecen un año de garantía. Viendo esto uno se da cuenta de cómo se aprovechan las grandes compañías cargandonos precios excesivos por productos que no lo valen, porque una cosa es el coste del producto y otra muy diferente cuanto el público esta dispuesto a pagar. En Asia lo tienen claro, lo quieren bueno a precio barato. A parte de la tecnología, comprar ropa con precios medios de entre un euro y tres euros es de lo más habitual. Aquí también existen buenas imitaciones de todas las marcas reconocidas, pero además se fabrican prendas sin marca con buena calidad de tejidos a precios super competitivos.

Cuando acabé de visitar el enorme mercado, salí a la calle principal. Ya se había hecho de noche, y me di cuenta de la altura que tiene Bangkok en el centro de la ciudad. Con lo bajita que es la zona de Khao San Road no me había dado cuenta de los enormes rascacielos que se levantan, imponentes, dominando el centro arquitectónico de Bangkok. Y como buenos asiáticos que son, no podían faltar las luces, que iluminan multicolor toda la ciudad. Y aunque en Asia no tendría por que existir la navidad, pues no tiene sentido una fiesta cristiana en países donde impera el budhismo, por todos lados hay decoración navideña, a base de luces, carteles de feliz navidad y prospero año nuevo. Ver enormes árboles de navidad junto a los centros comerciales y a dependientas luciendo gorritos de Santa Claus con una temperatura media de cuarenta grados hace que uno pierda la noción del espacio. Llegó un momento que yo ya no sabía donde estaba, no entendía como se podía estar sudando y viendo renos, imitaciones de nieve con porespán, esquís, y villancicos haciendo referencia a la blanca navidad. Y uno entiende que no solo el mundo cristiano está perdiendo sus costumbres y cultura en pro del capitalismo, sino que los países que van obteniendo un desarrollo económico, no tardan en unirse al gran mundo de gastar, del consumo innecesario. Y da igual si soy budhista, taoísta o musulmán, lo importante es que me compro unos zapatos nuevos de marca (o si no llego imitación) superreconocida a nivel internacional, mientras canto Jingle Bells bajo un paisaje nórdico mientras en la calle el sol derrite las suelas de los zapatos que te vas a comprar.

Bueno, dejando de lado la navidad, que ya bastante la odio en mi país como para tener que aguantarla aquí también, el pasiaje del centro de Bangkok es espectacular. Decenas y decenas de gigantes rascacielos, con formas diversas, pantallas gigantes que dejan a uno hipnotizado, musica por todas partes, promociones, regalos, ofertas. Y toda este mundo de lujos capitalistas mezclados con la venta ambulante de la calle, donde uno puede encontrar puestecillos de fideos fritos, de arroz y de pinchitos a la barbacoa por muy bajo coste. Bangkok es una mezcla de olores, de sabores, de colores, de gustos y necesidades, adaptado a cualquier tipo de consumidor. El que quiere lujo, lo encuentra y el que busca lo humilde, también.

El segundo día lo he dedicado al visitar el mercado flotante de la ciudad, junto con una chica china con la que compartía dormitorio. Ella fue quen me propuso esta excursión, pues se había informado de como ir en bus y así disfrutar del mercado flotante de una forma más económica. Durante el corto viaje en el bus, le pedí que me diera unas clases de chino, y fue muy divertido verme pronunciar. De todas formas estoy contento, pues ya se decir un poco más que Ni Hao o Xie xie. Cuando llegamos al mercado flotante vino la decepción, pues el mercado flotante solo funciona los fines de semana, y hoy es lunes. Bueno, es lo que tiene lanzarse ala aventura sin haberse informado con anterioridad. De todas maneras, no ibamos a desaprovechar el viaje, así que decidimos explorar la zona aunque no hubiera ese caos ordendo de barquitas ofreciendo de todo. En la plataforma flotante que hace de muelle, si que vimos algunos restaurantes flotantes, en los que más tarde nos daríamos un buen banquete. Un restaurante flotante consiste en una barquita donde el cocinero tiene su cocina y todos los ingredientyes expuestos para que el cliente vea, y decida cual es el plato que va a elegir. Entonces van ofreciendo sus servicios tanto en el muelle como en las casas que hay a lo largo de los canales. Y no solamente hay restaurantes, sinó barcas con helados, frutas y cualquier cosa que se pueda comer. Pero la hora de la comida vendría más tarde.

Estando en el muelle nos ofrecieron una excursión que nos pareció interesante. Consistía en viajar en barco a través de los canales de Bangkok, a la cual llaman la venecia de Ásia, y ver como es la vida a orillas de los canales, visitar una granja de orquídeas y un templo budhista. Lo de las dos visitas era poco de mi interés, pero el paseo en el río si parece algo que pueda interesarme, así que dijimos que sí, y durante dos horas y media pudimos pasear por el río. Vimos la granja de orquídeas y no fue más que lo esperado, un enorme invernadero de flores. También visitamos el templo budhista donde comimos un plato de gelatina con hielo en un caldo dulce, y un buen plato de papaya. De vuelta al muelle, decidimos probar la gastronomía de este lugar, pues había decenas y decenas de puestos callejeros que ofrecían platos que no había visto en mi vda. Mi amiga pidió una sopa de fideos con albóndigas, que como buena china que és no puede faltarle su sopa de fideos, y yo, como buen español, me compuse unas tapas improvisadas. Compré un poquito de aquí, un poquito de allí, y mi amiga acabó arrepentida de haber pedido sopa. Entre otras cosas las tapas incluían unas tostaditas con pollo braseado y queso, pinchitos de pollo cocidos a la leche de coco y a la brasa, y una empanadilla de soja, tofu y coco que estaba para chuparse los dedos.

Después de comer, vimos tocar a una banda de música tradicional tailandesa. Se nos vió tal cara de curiosidad e interés, que la banda acabó por ofrecernos instrumentos para colaborar con la orquesta. Yo acabé tocando el xilófono y mi amiga los platillos, y aunque se notaba que no teníamos ni idea, tras varias canciones acabamos pillandole el truqillo, quizás no a la melodía, pero si a los ritmos. Durante más de una hora fuimos el objetivo de las cámaras tanto turistas como locales, todo el mundo se divertía con nosotros, todo el mundo esta sorprendido de ver un español y una china tocando en una banda tradicional. Los músicos nos daban consejos sobre como hacerlo mejor, nos enseñaban muy amablemente, y bajo mi opinión, se lo pasarón de maravilla. Quizás no estan acostumbrados a estas rarezas y salir de la rutina fue divertido para ellos. Congeniamos tanto, que uno de los músicos no nos permitió que volvieramos al hotel en autobús, sinó que casi nos obligó muy educadamente a llevarnos en su coche. Durante el camino de vuelta al hotel estuvimos conversando sobre nuestras vidas. El señor, que de aspecto físico parecía un cincuentón, tenía setenta y dos añazos con muy pocas arrugas que lo delataran y no pude resistir preguntarle por el secretop de la eterna juventud. Me contestó lo más lógico que se pueda imaginar, buena alimentación, deporte diario y no fumar ni beber en la vida. También hay que decir que el señor era un privilegiado dentro de la sociedad tailandesa, pues había trabajado para el ministerio de salud en Bangkok, lo que le ha permitido vivir con algunos beneficios extraordinários, como chequeos médicos semestrales, un buen sueldo de por vida, y una vida relajada. Nos contó que lo de la música era su gran afición de jubilado, pues tenía todo el tiempo del mundo para aprender y ejorar, y buan salud para disfrutarlo. La verdad es que da gusto encontrarse con gente tan amable, pues nos dijo que nos había llevado al hotel porque si él estuviera viajando le gustaría que la gente del país en el que estuviese fueran amables con él.

Por la tarde estuve descansando en el hotel. Y por la noche... era mi última noche en Bangkok, tenía que hacer algo diferente. Decidí visitar Soi Cowboy, la calle con la noche más loca de toda la ciudad. Entre decenas de rescacielos se encuentra esta pequeña calle, la cual destaca por su excesiva iluminación. Carteles con neones de colores invitan al visitante a entrar en los locales de shows eróticos, y no es que sean lugares de espectáculo, sino que una vez acabado el show, las chicas se ofrecen para pasar la noche contigo por unos cuantos baths. Los que me conocéis ya sabéis que eso de pagar por sexo no va conmigo, pero si que me resultó curioso ver como funciona el mercado del sexo en Tailandia. Y le digo mercado porque es como un lugar de venta de cuerpos al más puro estilo carnicería. El local que más me sorprendió fue uno en que había una plataforma central en que iban intercambiandose dos grupos de unas cincuenta chicas, todas ellas con su numerito cosido al sujetador. Las chicas solo estaban vestidas con una falda transparente (sin ropa interior) y un sujetador transparente, por lo que uno podía comprobar todo el cuerpo de la chica antes de llevarsela al hotel. Pero que estas chicas estuvieran semidesnudas, por decirlo de alguna manera no es lo que más me impresionó. Al mirar al techo no podía creer lo que veía, pues en la planta de arriba había otra plataforma de baile, con suelo transparente, donde algunas chicas en minifalda (y nada más) bailaban al ritmo de música electrónica. ¿Podéis imaginar las vistas desde abajo? Esto es para ver y no creer. Pues las chicas de arriba, también tenían su numerito cosido a la falda, pues estas no llevaban sujetador donde agarrarlo. Entonces, pregunté como funcionaba el procedimiento, me sentía como un auntentico reportero infiltrado. Me dijeron que tenía que elegir la chica que me gustaba, y que al bajar de la plataforma debía pedirle hablar con ella e invitarla a una copa. Durante esta charla se acuerda el tiempo y el precio con la chica, y después hay que pedir autorización al local para poder llevarte a la chica a tu hotel. La autorización no es más que pagar 600 baths (15 euros) para que la chica pueda salir, pues al llevartela tienes que compensar al bar por la ausencia de su trabajadora. También me informé del precio de las chicas, que ronda entre los 2.000 y 3.000 baths (50 a 75 euros), según la exigencia de la chica, que lógicamente dependerá de su belleza o experiencia. Fue una interesante experiencia pasear por el barrio más picante de Bangkok y ver como funciona el mercado del sexo aquí.

De vuelta al hotel paré en un bar que ya conozco en Khao San Road, a tomar una cerveza mientras conozco gente bailando. Como ya era muy tarde solo quedaban prostitutas y borrachos, así que mejor me voy a dormir. Mañana es mi último día en Bangkok, quiero descansar, y por la noche tomaré el vuelo que me llevará al mágico destino navideño. ¿Ya sabéis donde voy a pasar las navidades? ¿Cuál es el lugar más famoso del mundo, en el que todos los viajeros quieren pasar las navidades? Shhh No lo digáis en público. Nos vemos en.......... Continuará




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