sábado, 8 de diciembre de 2012

Mondukiri

 Hola a todos!

A seis horas de bus desde Kratie he llegado a Sen Moronom, la minúscula capital de la desconocida provincia de Mondulkiri. Me encuentro en el noreste de Camboya, a unos 50km de la frontera con Vietnam, y por la primera impresión qu eme ofrece "la capital" advierto que va a ser un lugar lleno de aventuras.

Sen Moronom es una capital de provincia que solamente dispone de dos carreteras asfaltadas. El resto es un conjunto de polvorientos caminos de tierra, donde conviven pequeños negocios, el rústico mercado, algunos alojamientos y varias tiendas de café, pues en Mondulkiri el producto estrella es el grano de café que proviene de sus extensas plantaciones. Desde que que empecé mi primer viaje en enero, substituí el café por el té, debido a la mala calidad del primero y la excelente del segundo en todos los países de Ásia. Pero esta vez, me tocará reencontrarme con este viejo amigo, y disfrutar de su intenso aroma y sabor. Me gustaría destacar que el café del Mondulkiri es uno de los mejores cafés que he probado en mi vida independientemente del bar donde lo tomase, siempre está exquisíto

Pues nada más llegar a Sen Monorom me dispongo a seguir la rutina de buscar el alojamiento más barato. Todos oscilan entre cinco y diez dólares (hasta ahora lo más caro que he pagado han sido tres), así que decido no rendirme y seguir buscando. La suerte me acompaña de nuevo cuando me encuentro con unas indicaciones que marcan un alojamiento con bonitas vistas, en bungalows individuales y a un kilómetro de la ciudad, por tan solo tres dolares. Voy siguiendo las indicaciones y cada vez me meto más en la jungla. Como me gustan estos momentos de aventura e intriga. Cuando consigo llegar, me encuentro con unas cabañas bastante simples, hechas de paja, dispuestas en medio de la jungla, y como decía el cartel con unas vistas espectaculares sobre los bosques, donde se promete una precisoa puesta de sol. Para los que somos más de naturaleza salvaje que de lujos, es un lugar perfecto, pues aunque los bungalows invitan a visitas nocturnas de insectos y pequeños anomalejos, no hay nada más placentero que dormir en medio de la nada, y despertar con el sonido de la jungla. Decido quedarme.

Supongo que la suerte tiene poco que ver en que encontrara un montón de gente intersante durmiendo en este albergue, pues creo que el lugar ya es motivo de selección para gente aventurera. Seguro que de gente cómoda esta la ciudad llena. Dos ingleses, dos alemanes, un francés, dos suizos y un americano que lleva viviendo en ese lugar durante un año y medio, haremos una gran piña durante nuestra estancia en ete lugar. Durante el día cada uno hace su aventura, pero por la noche todos coincidimos para tomar cervezas y reir al son de buena música.

Tanto en el hotel como en varias agencias de turismo me ofrecen diferentes formas de disfrutar de Mondulkiri. Entre trekings de un día, trekings de varios días durmiendo en amacas en la jungla o en casas de etnias minoritárias, paseos en elefante, visitas en moto me decido a no elegir ninguna de las opciones, pues me parece posible explorar estas tierras por mi propio pie. Todas las opciones parecen caras y bastante turísicas, ya sabes que no me gusta pagar para sentirme un borreguito.

La traducción de Mondulkiri al español es "en en centro de las montañas", pues es la única región montañosa de este llano país. Y entre tantas montañas se econden un sinfín de curiosidades como bellos ríos, preciosas cascadas de agua, y lo más interesante, decenas de pequeñas aldeas donde habitan las etnias minoritárias de Camboya, entre ellos los Phnong. Las étnias minoritárias son tribus que aún viven a su manera en sus aldeas, dedicandose principalmente a la agricultura y en pequeñas ocasones a la pesca de río.

Así que con tantas cosas que ver y tan largas las distancias entre unas y otras decido alquilar una moto, con la que durante tres días exploraré esta bella tierra que como ellos dicen está "en medio de algún lugar".

El primere día decido ir a buscar el punto más lejano en el mapa de curiosidades, y me dirijo a las carataras de Bu Sra. Tras 47 kilómetros en destartalados caminos de tierra, pasando por barrizales, cruzando riachuelos, patinando en caminos de grava, sorteando profundos baches capaces de hacer caer a cualquiera, por fin llego a mi destino. Lo primero que veo es un cartel donde dice que hay que pagar 1,25 dolares por entrar. Como no estoy de acuerdo en pagar para ver una cascada, pues la naturaleza no es privada, decido buscar un camino alternativo en medio de la jungla que me lleve a un buen punto para verla, pues no creo que tengan cercado el rio. No me es dificil bajar por el barranco que me da al fondo de la cascada. Una vez llego me resulta bonita, pero no tan impresionante como me habían dicho, pues se comenta que esta es la cascada más alta del sudeste asiático. Parece que unos metros más alante el río vuelve a caer, voy a investigar. Encuentro otro camino que vaya más todavía, dejando al descubierto, ahora si, las impresionates cascadas de Bu Sra. Metros y metros de El ruido es ensordecedor cuanto uno más se acerca, y el agua empapa toda la ropa. Aún y así, dos jovenes pescadores estan intentando sacar peces del río justo a pie de la cascada.

Más tarde visito la aldea cercana con el mismo nombre de la cascada, la aldea de Bu Sra y establezco mi primer contacto con el sector más puro del país. Con puro me referiero a que son aldeas que rechazan el contacto con el mundo exterior, no hablan Khmer y mucho menos Inglés, sino que se comunican en la lengua local Phnong, y sde autoabestecen con la producción agrícola interna. Al ser Mondulkiri una zona muy poco contaminada por el turismo, y los pocos que llegan a las cascadas se vuelven sin visitar la aldea, me encuentro con situcaciones que no había visto en mi vida. La gente ya no es tan simpática sinoq ue desconfían de mi, los niños ya no me saludan con una sonrisa sino que corren atemorizados, y los más pequeños lloran al verme. Cuando para la moto frente a una casa, las madres cogen a sus niños y se encierran donde no pueda verlos. Mis sensaciones son confusas, pues estoy emocionado de estar en un lugar donde aún no conocen al hombre blanco (o quizás lo conocen tan bien que por eso huyen atemorizados), y por otra parte no me gusta lo que provoco en ellos rompiendo la tranquilidad de la aldea. Por el momento decido irme, necesito pensar sobre estas gentes.

De vuelta a Sen Moronom no me queda más tiempo que el de darme una ducha antes de salir a cenar. Después, descubriré el bar de un camboyano y una francesa, el único que tiene internet en la ciudad junto con su turistico competidor. Pero el Gecko, ese es su nombre, es un bar humilde, poco frecuentado, al más puro estilo hippie, donde pasaré las noches de los Mondulkiris con mis amigos del hostel.

A la mañana siguiente, vuelvo a llenar el depósito de gasolina, y empiezo una nueva ruta. Esta vez iré hacia el norte. Lo primero que encuentro es una alta colina con unas bonitas vistas de Sen Moronom y sus alrededores. Desde lo alto se puede ver el lado de la ciudad y el enorme descampado de tierra al que ellos llaman aeropuerto. Junto al templo de la colino conozco a un chico camboyano de la capital que ha venido a vivir a Mondulkiri por negocios. Me ofrece trabajar en su empresa de plantaciones de caucho a cambio de un sueldo que incluye vivienda y comida pagada. Aunque la idea es bastante tentadora, no voy a colaborar en el negocio que está destruyendo los bosques de esta zonsa, pues se estan desforestando los montes para plantar caucho y exportar el producto final. Lo peor de todo es que ni el beneficio se queda en el país pues estas empresas son chinas o francesas, y lo único que percibe Camboya es la explotación laboral de sus aldeanos y la deforestación del único pulmón del país.

Sigo conduciendo la moto camino de lo que ellos llaman el mar de bosque. Se trata de un punto em lo alto de una colina desde donde se ven los bosques vírgnenes que aún están a salvo. Desde este punto alto parece como si las copas de los árboles formaran gigantes olas verdes, simulando así un mar de bosques,

Sigo conduciendo hacia el norte, donde me encuentro con una preciosa aldea cuyo nombre es Lao Ka, Al estar más cerca de Sen Moronom parece que no causo tanto pánico aunque el sentinmiento de desconfianza sigue siendo fuerte. En la aldea puedo ver las casas de paja artesanas típicas de los Phnong, rodeadas por decenas de cerdos, cabras, búfalos, pollos y perros, todos ellos animales que sirven para la alimentación de sus habitantes. A parte de los animales domésticos, los Phnong también se alimentan de ranas que cazan por la noche, serpientes, grillos y todo tipo de insectos. Tras varios fracasados intentos de encontrar las cataratas de la aldea y después de intenar hacerme entender con gestos, acabo tirandome una botella de agua por la cabeza para hacerles entender que lo que busco es una cascada, pero aún y así, no hay manera. Decido dejar estas cascadas y voy rumbo a la ciudad donde sí se que hay unas sencillas de encontrar.

Cuando estoy conduciendo la moto, un joven motorista me hace señas para que le siga. Le hago caso, pues nada malo puede pasarte en Camboya, y el chico quería llevarme justo a las cascadas que yo buscaba. Cuando llego a las cascadas de Sen Moronom, me indica donde está la bajada y se marcha. Todavía me cuesta entender la amabilidad de los camboyanos. A los cinco minutos de estar hacidno fotos de las cascadas viene un grupo de chicos de unos 20 años, con una guitarra y mucha energía. Después de tocar la guitarra y cantar juntos me proponen saltar desde la cascada a la poza. Acepto, con la condición de que ellos salten primero para indicarme donde es más profunda la caída. Una vez que saltan los dos, ya no me queda otra que saltar. Once metros de caída hacen que el impacto con el agua sea un poco doloroso, pero los segundos que uno está volando lo hacen tan excitante que repito el salto 3 veces más. Los chicos me acompañan, saltamos en parejas, solos, y procuramos poner la postura correcta para hacernos el menos daño posible. Al final, entre una cosa y otra se me va la tarde jugando y me doy cuenta que he vuelto por unas horas a mi niñez, en la que el tiempo corria sin darte cuenta hasta que tu madre te llamaba para comer. Pero esta vez no sería mi madre, sino un espeluznante frío que llegaba con la puesta de sol el que me hizo volver al hostel.

El tercer día sigo las recomendaciones de mi amiga francesa, la del bar Gekho. Esta vez conduciré rumbo al sur, en dirección Phnom Penh, para ir a buscar la aldea más bonita de todo Mondulkiri, Dak Dam. Una vez que llego vuelvo a encontrarme con gente desconfiada, pero esta vez rodeados por unas vistas espectaculares. La aldea brilla sobre el verde de la hierba, rodeaba por arboledas los nños juegan a boleibol y los adultos trabajan para la supervivencia, realizando las tareas rutinarias de la vida rural. No se explicar que es lo que realmente me ha gustado de esta aldea, si la pureza de su gente o la preciosidad de sus paisajes.Creo que es una mezcla de varias cosas las que dan la mágia a este minúculo lugar en el medio de alguna parte. Un lugar perfecto para perder las horas, pasear, tomar fotos, disfrutar.

Entre la carretera que va a Phnom Penh y la que va a Vietnam, existe un camino que cruza la zona sobre lo alto de las montañas. Las vistas son espectaculares. Conducir a tu aire, sentir el fresco aire de las alturas, disfrutar de las lejanas vistas desde lo alto del camino, una verdadera maravilla infrecuentada por los turistas, a la que yo pude acceder gracias a los consejos de la chica del Gekho.

Después de la maravillosa carretera, dos cascadas más me esperan en medio de la jungla, Romanhea I y Romanhea II. Me parecen bonitas, pero como ya llevo tres días de cascadas, quizás no soy capaz de apreciarlas tanto. Estoy seguro de que si hubieran sido las primeras habría alucinado igual, porque en Mondulkiri no hay nada que merezca desprecio ni desperdicio. La última aldea que visité fue Putang, una aldea donde se inician los tours en elefante. Los animales estan sueltos en la jungla, y cuando un turista solicita los servicios, el dueño tienen que adentrarse en el bosque durante varias horas hasta que lo encuentra. Después vulven a soltarlos en libertad. Aunque esté en contra del uso de animales para atracciones turísticas me parece la forma menos cruel de usarlos.

Después de tres días explorando las bellezas de estas tierras, me voy por falta de tiempo, pero no sin ganas de quedarme por una larga temporada. Mondulkiri es uno de esos lugares que me hace sentir bien, agusto, tranquilo, en paz.


















No hay comentarios:

Publicar un comentario