jueves, 18 de octubre de 2012

Raflesia en Cameron Highlands

 Hola a todos!

Hoy he madrugado para enseñaros lo que són realmente las Cameron Highlands, el motivo por el que cada año miles de personas se desplazan hasta las zonas altas de Malasia. A las 8.45 de la mañana he quedado con un una agencia turística en que  pasaran a buscarme para ir a hacer un tour de medio día por la zona. Y los que me conoceis estais pensando: ¿Qué hace Carlos en un tour turítico, cual borrego en su rebaño? Os juro que lo intenté de todas las maneras posibles, pero al final descubrí que es imposible ir a ver a Raflesia por cuenta propia. ¿Quién es Raflesia? No es una señora malaya. Luego os lo explico.

El jeep viene a recogerme puntual en el lugar acordado. El guía me ha reservado el mejor sitio por ser el último en pasar a buscar, voy de copiloto en un Land Rover de esos que aparentan no romperse nunca, y me hizo gracia ver el gigante cuerno que llevaba en el capó. Mi pregunta es si estos coches vienen así de serio o los redecoran después.

Después de 45 minutos conduciendo, el jeep se desvía hacia un camino de barrio, y tras algunas maniobras aparca. Ya estamos en la entrada de la jungla, ahora lo que toca es caminar. Un total de 17 personas, más dos guías de la agencia, más un guía aborígen de la zona, nos adentramos en la selva profunda para ir en busca de la famosa Raflesia. Los tres guías iban armados con enormes y afilados machetes con los que nos abrirían el camino por la jungla, ya que con las habituales precipitaciones de la zona (llueve más de dos veces por día), la vegetación crece de un día para otro. Además, el guía local, lleva un tirachinas con el que va jugando todo el camino. Supongo que para no perder la práctica, pues en realidad es una herramienta de caza de los Orang Asli. Os explico un poco sobre esta etnia local. La población de las Cameron Highlands se compone de un 40% de población del sur de India, un 40% de población de China, y un 20% de otras culturas, entre las cuales están los Orang Asli. La traducción de Orang Asli al español es gente autentica, y se trata de los pocos aborígenes malayos a los cuales han pertenecido estas tierras desde hace muchos años, y que se se componen de una diversidad cultural muy variada, devido a las colonizaciones e invasiones por tema de negocio.

Depués de anda por la selva aproximadamente dos horas, pasando por ríos, zonas de lodo, puentes rudimentários, y depués de encontrarnos con varias especies de mariposas plantas medicinales y un enorme cienpiés, por fin llegamos al lugar donde habita la Raflesia, la cual es el motivo de esta excursión. La Raflesia es la flor más grande del mundo, que sólo puede encontrarse en tres países (Malasia, Indonesia y Filipinas) y que fue encontrada por un tal Raphael, y por la unión del nombre del señor que la encontró y que sólo puede encontrarse en Asia surgió el nombre de RaphaelAsia, es decir, Raflesia. Pues en verdad no es una flor, es un hongo, es decir, una gigante seta, lo cual puede apreciarse en su piel y que nace del suelo en zonas muy húmedas. Pero lo curioso de este hongo es que tiene pétalos gigantes y un bulbo en medio, por lo que Raflesia se conoce comunmente como flor. La Raflesia solo puede encontrarse en las profundidades de la jungla, y este es el motivo por el que hemos caminado dos horas para poder ver tan solo dos ejemplares. Nuestra suerte ha sido que hemos encontrado uno de ellos totalmente abierto, y el otro completamente cerrado, pues Raflesia tiene un corto periodo de apertura, y muchas veces no pueden disfrutarse sus pétalos. La verdad es que es impresionante estar delante de una espécie tan rara y tan difícil de encontrar, pero como ibamos en un tour de 17 personas, hemos tenido escasos minutos para disfrutarla, ya que se encontraba en un lugar muy pequeño y no cabíamos todos allí. Lo justo para hacerle dos fotos, observarla un poquito y salir. Este es el motivo por el que no me gustan los tours organizados. Lo bueno de ellos, es que el guía era todo un artista, y nos dió montón de información sobre la flor. Por ejemplo, una cosa que me impactó fue que en los partos de las mujeres Orang Asli se usa como compresa para frenar la pérdida de sangre y reincorporar ciertas vitaminas al cuerpo. Mi sensación después de ver esta flor es que el ser humano nunca es capaz de imaginarse las increíbles maravillas que la naturaleza esconde. Raflesia parece formar parte de un cuento, y por esto alguien preguntó, si no era ésta una flor de plástico.

El descenso solo nos llevó una hora. Por el camino los guías nos explicaron algunas propiedades sobre frutas y plantas que ibamos encontrando por el camino. Por ejemplo, vimos una fruta que sirve para bajar fiebres altas y fuertes dolores de cabeza. También nos enseñaron como obtener agua de las enormes cañas de bambú. Uno no se imagina la cantidad de agua que hay dentro y lo fácil que es obtenerla con tan solo una pedrada. La verdad es que espero no tener que usar nunca estos consejos, pero nunca están de más si algún día uno se ve perdido en medio de la selva.

De vuelta al jeep, pasamos por un pequeño poblado de los Orang Asli. Nos enseñaron como viven en casas totalmente construidas con bambú, nos enseñaron a cazar con cervatanas envenenadas, y el detalle de mal gusto de la escursión, nos enseñaron un mono atado a una cuerda que habían cazado hacía pocos días, y al que estaba alimentando para ser carne de olla en poco tiempo. Los Orang Asli se alimentan de cualquier tipo de animal que encuentren en la selva, y algunos vegetales que ellos mismos cultivan en sus propios huertos. Aunque si uno lo piensa fríamente, a veces es mejor cazar y comer que criar animales en granjas de producción masiva, sin espacio para vivir dignamente y con alimentación hormonada para su rápido crecimiento. Aquí dejo abierto un tema de debate para los más atrevidos.

Después de la visita al poblado y con un hambre de tigre, nos llevaron a un restaurante indio en el cual comimos muy bueno y barato. Y aquí acababa mi tour para mí y algunos que habíamos reservado solo para medio día. El resto seguirían su tour hacia otros puntos de interés, los cuales yo también quería visitar, pero me parecía más cómodo y barato hacerlo por mi cuenta. Pues estaba en un error, pues uno de los jeep nos llevaría hasta Tana Ratha, y desde allí salía más caro visitar estos sitios (había que volver a la zona) y una considerable perdida de tiempo. Así que hablando con el guía, pagué la diferencia y me quedé el resto del día con los nuevos amigos que había hecho en el rebaño. Así que justo después de comer nos llevaron a las plantaciones de té de Cameron Highlands. Los que me seguís desde el pricipio quizás recordeis un lugar llamado Munnar, en el sur de India, en el que visité unas plantacioenes de té junto a Sarah y Sammy. Pues bien, esto es exactamente lo mismo, pero mucho más grandes y con un grado de modernización algo desagradable para los que nos gusta lo natural y lo auténtico. La verdad es que nunca me cansaré de ver los preciosos paisajes de las plantaciones de té, sus verdes mares de montaña que hacen del paisaje una maravilla para la vista. Pero esta vez, la gran compañía de tés de Malasia había construido un bar en una gigante pasarela que se sostenía en el aire sobre las plantaciones. Vale sí, las vistas de ahí son espectaculares. ¿Pero no es más bonito ver las plantaciones introduciendote en ellas, que desde una terraza expositor, sentado en una comodísima silla y tomando una muestra de té cultivada justo en estas tierras? Para gustos los colores, pero yo me fuí directamente a pasear por las plantaciones, aunque quizás el raro sea yo, pues todo el mundo fue a la terraza de hormigón.

En mi opinión, el guía se mereció un sobresaliente, pues no todos los que trabajan para estas tierras tienen el valor de explicarnos la mala calidad del té debido a la mecanización de los procesos en los que en vez de recolectar las hojas de té una por una y coger solo las frescas, unas máquinas de motor de explosión colectan todo lo que se encuentran por el camino, y lo que uno acaba bebiendo es una mezcla de 50% de té y 50% de mezcla entre ramas, hierbajos que crecen entre las plantas, y montones de telas de araña con algunos de sus habitantes incluídos. Esto, en Munnar no pasaba, y como nuestro guía procede de ese bonito pueblo indio, protesta contra los errores de las grandes industrias que solo piensan en ganar más y más dinero. También hizo su propia revolución sobre lo que expliqué en el blog anterior en contra de los granjeros que exterminan bosques para poner sus invernaderos y contaminan las aguas de los ríos más cercanos. Yo prefiero que me cuenten la verdad, por dura que sea, que una mentira para hacer creer al turista que está en el lugar más maravilloso del mundo.

Después, los guías nos llevaron a una zona de la plantación donde nos metieron entre las plantas de té para que hicieramos el payaso mientras ellos nos tomában fotografías. Sí, es típico de guiri, pero hacer el payaso siempre se me ha dado bien. Después de visitar la fábrica de té, donde lo procesas y empaquetan, fuimos a la granja de mariposas. Se trata de un pequeño zoo de insectos, donde se pueden tener en las manos desde bichos palo, escarabajos rinoceronte, mantis, etc. Además también hay una exposición de camaleones, serpientes, sapos y escorpiones. Ah si! Se llama granja de mariposas porque hay una red gigante con decenas de especies de mariposas dentro y un poco de vegetación para recrear su hábitat. Esta parte es la que menos me gustó, porque todas las mariposas estaban en el techo, asustadas por las manadas de turistas que pasan por el centro cada día, y las que se atrevían a volar lo hacían de forma triste. En mi opinión, el que quiera ver mariposas, insectos o cualquier tipo de animales, que vaya a sus habitat a buscarlos, y si ese día no los ve, que pruebe otro día. Porque de momento no he visto ningún humano encerrado por el simple hecho de que otras especies animales puedan venir a verlo de forma masiva.

Y por último visitamos la granja de fresas. La verdad es que fue la visita menos interesante de toda la escursión. Montones de plantas de fresas colgadas en invernaderos elevados que reproducen el ecosistema holandés, lugar del que proceden todas las plantas de fresas de Cameron Highlands, pues no estamos en tierra de fresas porque no es su clima ni sus condiciones para crecer. El único motivo para tener granjas de fresas es para exportarlas, ya que no se consumen en Malasia, y hacer negocio de algo que no es propio de la tierra.

Y aquí termina la más que completa excursión de hoy, con la que uno puede visitar lo más interesante de esta zona en tan solo 8 horas y con explicaciones de todo lo que uno ve. Pero no me conformo con lo que todo el mundo quiere ver, y por suerte he conocido una chica belga en la excursión que opina como yo, así que al día siguiente nos fuimos de trekking al Gunung Brinchang, el pico más alto de todas las Cameron Highlands. No me preguntéis su nombre porque no se escribirlo, pero si puedo deciros que pasé un día divertido subiendo al monte, entre barrizales, raíces y contínua escalada. Ver la cara del conductor del bus cuando subimos con las botas encondidas tras una gruesa capa de barro no tubo precio.

Y esta tarde me la tomo para mí, porque vuelve a llover, porque llevo tres días de trekking, porque me voy a dar un merecido descanso para leer, escribir y conocer gente intersante. Además, seguro que me encuentro con seis viajeros del norte de España que conocí ayer por la noche, con los que compartí buenas risas bañadas en vino tinto francés, y interesantes conversaciones sobre como debería funcionar el mundo y lo mal que va. Es lo que tenemos los viajeros, que como no tenemos vecinos, criticamos a países enteros. Lo importante no es de lo que se hable, porque en un pequeño bar de albergue no hay nada que arreglar, lo importante son los buenos momentos que te llevas, ya que todos los viajeros que se cruzan en tu camino acaban formando parte de esta pequeña gran aventura que he decidido vivir. Buen viaje amigos. Ah! Gracias por la aguja y el vino, el segundo ya lo gasté, el primero me hará buen servicio en mi camino.
















miércoles, 17 de octubre de 2012

Cameron Highlands trekking 8 y 5

Hola a todos!

Después de visitar las Batu Caves tomé el primer autobús con destino Cameron Highlands. No se por que, pero suelo tener bastante suertes con los buses, el mío salía justo 15 minutos depués de comprar mi tiquet. Como la noche anterior había dormido unas tres o cuatro horas debido a que todavía no he adaptado a mi nuevo horario de sueño (está siendo el jetlag mas largo de la historia), nada más subir al bus me quedé dormido. Además, se trataba de una compañía privada, así que esta vez el viaje sería de lo más confortable. Aún recuerdo esos viajes en India y Nepal, en el que no había ni un asiento queno estuviera roto, donde encontré cucarachas en el interior, donde las carreteras eran un desastre y el atobús nunca cumplía con sus horarios. Esta vez viajaría en una lujosa butaca individial, acolchada y reclinable, con aire acondicionado y luz particular, en una carretera envidiable para cualquier país asiático y una excatitud perfecta en horarios. Así que las dos primeras horas de trayecto las pasé durmiendo, lo que hizo que esa noche estuviera despierta hasta altas horas de la madrugada de nuevo. Si es que nunca me voy a acostumbrar. Pero es que irse a dormir a las 3 de la madrugada aquí son las nueve de la noche de allí. Y yo que soy de ir a dormir tarde... Imaginad! Las dos segundas horas las pasé disfrutando del paisaje. El bus empezó a tomar carreteras cada vez más empinadas y con más curvas, el paisaje cada vez era más selvático, con frondosos bosques que podían verse desde lo alto de vertiginosos acantilados.

Al llegar a Thana Rata, pueblo en el que me alojaré durante mi estancia en Cameron Highlands, empieza a llover. Justo cuando empiezo a andar para ir a localizar un hopstel donde dormir esta noche, un chico me llama y me dice que el camino hasta el hostel está pagado por la compañá de viajes. Me preguntó que cual era mi hostel. Suerte que soy de respuesta rápida, porque si llego a decirle que no lo se aún, me deja ahí con la lluvia. Le dije, espera que no recuerdo el nombre. Busco en la guía el albergue más barato y le digo el nombre. Ah sí! Vamos! Y me hizo subir en una furgoneta que me dejó justo en la puerta del hostel. Para ser el más barato parecía muy bonito, vamos a preguntar. Pues resulta que tenían camas libres, a bajo coste y unos servicios muy buenos. Wifi gratuito, una gran terraza que da a la selva donde se pueden pasar buenos momentos de charla o escribir un bonito blog, un bar músical que abre de 19h a 00h. Y encima reservan exursiones y traslados a otros lugares de Malasia al mismo precio que las agencias. Perfecto, aquí me quedo.

Aunque es un poco pronto, va a anochecer en media hora, y encima está lloviendo, así que mejor me doy una buena ducha y decsanso un poquito. Luego salí a cenar. Thana Rata es un pueblo con una sola calle principal y algunas minicalles que surgen a los bordes, pero toda la actividad está en la calle principal. Aunque es un sitio muy turistico, la variedad de restaurantes está muy bien. A la derecha de la calle principal hay restaurantes chinos, indios y occidentales. A la derecha, restaurantes malayos y thailandeses. Así que para gustos los colores, y uno que tiene el gusto gastronómico muy amplio, va a ir probando todas las nacionalidades una a una. Esta noche toca Sur de la India. Si, ya lo se, Estuve allí en febrero, pero es que la comida es tan buena... Echaba de menos como sirven la montaña de arroz sobre una gran hoja de plátano, y todas las salsas alrededor para que las mezcles a tu gusto. Dejad que recuerde viejos tiempos y sacie mi paladar con el buen gusto de la comida india. Y después de cenar disfruté un pcoo de la soledad de la terraza por la noche, ya que poco a poco, los inquilinos fueron retirandose a la habitación principal (dormimos todos juntos), mientras yo disfrutaba del sonido nocturno de la selva, con la lluvía cayendo en la densa vegetación y leyendo un buen libro.

Buenos días, Parece que esta noche ha llovido bastante, y ahora hace un sol radiante. Voy a aprovechar para ir de trekking, me apetece mucho caminar y explorar el interior de la selva. Pero antes de nada, hay que desayunar un poco. Vamos a probar el típico desayuno malayo. Me sirvieron una especie de pan a la plancha relleno de cebolla, chillies y huevo y un celiciosos té con leche. Supongo que me dará para aguantar la mañana, pero por si acaso voy a comprar galletas y agua, que con los trekkings nunca se sabe.

En mi guía de viaje tengo un mapa de ruta con 10 caminos marcados en los que se puede caminar, pero dicen que hay que ir siermpre con guía, porque es fácil perderse en la selva. Como no confío en lo escandalosos que pueden llegar a ser este tipo de libros, pregunto a la gente de la calle. Todos me dicen lo mismo, que se ha perdido mucha gente por aquí, que el camino no está señalizado, y que la vegetación cubre los caminos en pocos días. De todas formas me niego a pagar un guía por el simple hecho de que me guíe por la montaña. Voy a probar yo solo, y antes una situcación de riesgo, me doy la vuelta y ya está.

Así que dejo Thana Rata y me dirijo hacia las cascadas de Robinson, que no resultan nada interesantes. Plásticos por todos lados, y agua marrón cayendo a una altura poco significativa. Pienso que el agua marrón es por las lluvias, que provocan un embarramiento del agua. Más tarde me explicarán que la gente se bañaba en las cascadas cinco años atrás, pero que el color marrón es debido a la contaminación que provocan los granjeros. Y este es el gran problema de las Cameron Highlands, la corrupción agrícola. Cada año són talados miles y miles de hectáreas de bosques y jungla, para sustituirlos por un mar de plástico que generará grandes ingresos para los latifundistas de estas tierras. En Cameron Highland está la empresa más grande en producción de té de toda Asia, así como agricultores de fresas y de diferentes tipos de flores, como las rosas. Y os preguntaréis si esto no está controlado por el govierno. Pues sí, el govierno solo permite un límite de hectáreas por agricultor, norma que es pasada por alto previo pago de multas o con bonitos regalos para los encargados del control agrícola. Además, también se hace la vista gorda con el vertido de residuos agrícolas, sobretodo aceites y productos químicos que van todos a parar a los ríos. Así que, para los que queráis visitar esta bonita tierra, éste es el momento, pues hoy he podido ver decenas de excavadoras destruyendo la increíblemente bella naturaleza que hay en Cameron Highlands, y kilómetros de plástico instalandose en su lugar.

A parte de tan desagradable situación, Cameron Highlands es un lugar precioso que se puede disfrutar de diversas formas, una de ellas a través del trekking que os estaba explicando. Justo después de las cascadas de Robinson, encuentro un letrero que señala hacía una escalera vertical hecha de forma natural con raíces y barro, y según veo es la ruta número ocho. Miro en la guía y dice que es un duro ascenso al monte Gunung Beremban, que está muy poco transitado y suele estar lleno de maleza. ¿Nos os crea curiosidad? Suena a pura selva. A mí mucha, y como soy adicto al riesgo, empiezo a trepar por las raíces, y digo trepar prorque se necesitan pies y manos para poder subir. Unos metros más tarde, el camino empieza a hacerse algo más agradable, así que los pies me servirán para andar y la manos para apartar las plantas que se cruzan en mi camino. Cuanto más subo, más densa es la vegetación, más humedad hay, más sudor empapa mi ropa. Pero cada vez es más emocionante. Hay tramos que parece que no haya camino, simplemente atraviestas montones de plantas gigantes. Que bien me iría un machete al estilo Indiana Jones. Algunos tramos se complican de subida, otros, por las inclinadísimas paredes verticales por las que hay que bajar. Y el peor enemigo es el barro. Resbalones, culetazos y hasta un golpe en la rodilla que me austó un poquito, pero que al final resultó ser no más que un golpe.

Después de una dos horas y pico (creo, porque una de mis mejores lujos cuando viajo es no llevar ni reloj no calendario) de dura subida, llego a lo alto del Gunung Beremben. Según mi guía tengo varias opciones para bajar, unas más largas, otras más cortas y algunas incluso con buenas vistas a plantaciones de té. Pero los truenos vuelven a amenzar lluvia, así que mejor coger la más corta. Ésta es la ruta cinco. A la media hora de empezar el descenso empieza a llover, y cada vez se hace más intenso. Suerte que me he acordado de coger el chubasquero, pero una vez puesto noto que no se si es peor mojarse de lluvia o soportar mi ropa empapada por completo en una ducha de sudor pegandose en el plástico del chubasquero. Voy a hacerlo bien, no quiero resfriarme.

Todo el camino de vuelta ha estado pasado por agua, una intensa tormenta monzónica que ha provovado pequeños riachuelos a mi paso por los caminos que me llevarían de nuevo a Thana Rata. La experiencia de estar en mitad de la selva, lloviendo a mares, es algo que recomiendo a todo el mundo. Y no solo con la lluvia, que ha sido una sensación increíble, sinó que tomar esta ruta ha sido la mejor decisión que he podido elegir. Pues por mucho que digan los libros y por poco que aconseje la gente, pasar cuatro horas sólo en mitad de la nada, sientiendo la grandeza de la naturaleza a través de sus inmesas e incontables espécies de plantas, sentir como la maleza se mueve a escasos metros de ti y no saber que animal tienes al lado, no cruzarte con un solo ser humano en cuatro horas andando (nunca me había pasado), todo esto y muchas más increíbles sensaciones, no valen igual que todos los miedos que podamos tener a hacer ciertas cosas. Porque sí, el miedo limita, el miedo no nos deja disfrutar de muchas maravillas naturales. Así que, cada vez estoy más seguro que cuando uno se siente seguro de que todo irá bien, no hay por que temer. La próxima vez no pregunto, la próxima vez no me meten miedo.

Y antes de acabar con este maravilloso día de trekking, pues una vez llegué al hotel nop paró de llover con cada vez más fuerza, explicaros una curosidad que encontré en el camino. En un barrizal encontré unas huellas y les hice fotos. Al día siguiente pregunté a guías forestales si sabían de que animal se trataba. En las dos ocasiones afirmaron que eran los pies de una pantera negra. Como no me lo he creído, he consultado en internet y es cierto que habitan por estos bosques. Pero no creo que tuviera la gran suerte de tenerla tan cerca. ¿Imagináis encontrarse cara a cara con ella? Que miedo. Que emoción.

Esta noche me toca cenar comida malaya. Este tipo de comida local se basa en dos ingredientes básicos, el arroz y los noodles. Eso sí, se combinan de diferente forma para dar variedad de sabores, como por ejemplo arroz o noodles fritos con pollo, pescados, verduras, huevos, o la revitalizante sopa de noodles, también combinable con cualquier tipo de ingredientes. Yo me decidí por el Kampung, arroz tradicional malayo, frito con pollom huevo frito, chiles, ajos tiernos, y trocitos de pescado seco que hacen de este plato una mezcla de sabores riquísima. Si además lo acompañas con un zumo de sandía natural, lo convierte en una cena perfecta.












martes, 16 de octubre de 2012

Batu Caves

Hola a Todos!

Hoy abandono Kuala Lumpur, dejo a mis amígos nórdicos que he conocido aquí, y me llevo muy buenas experiencias tanto de la ciudad como de la gente. Eso sí, antes de dejar la ciudad que me ha dado la bienvenida a Asia, no puedo irme sin antes visitar las más que recomendadas cuevas de Batu. Se encuentran a escasos 13 km a las afueras de la ciudad, y me he enterado de que hay un bus en Chinatown que lleva a ellas en unos 45 minutos y un tren un poco más abajo que lo hace en mucho menos tiempo. Pero, ya que voy a salir de la ciudad, que mejor que hacerlo en el bus para ver si veo algo interesante por la ventana.

Según la guía está al lado del mercado central, así que cuando llego allí pregunto. Me dicen que es al otro lado y voy. Cuando llego me dicen que es al final de la calle que cruza a la derecha y voy. Cuando llego me dicen que es la calle que cruza a la izquierda y voy. Así es, esto es Asia, nadie va a coger un plano o te va a explicar para que retengas en tu memoria el camino a seguir. Ellos te marcan una dirección y tu ya te vas espavilando. Cuando llego a la parada espero al número 11. Llega un bus sin número, pero de la puerta asoma un señor con un megafono que grita: Batu Caves, Batu Caves. Éste debe ser el mío.

Al final, los 45 minutos de bus los he pasado leyendo, pues no había nada interesante que ver por la ventana. De vez en cuando echaba un ojo, pero nada, lo mismo de siempre, carretera interior de ciudad. Al llegar a la parada de Batu Caves, el señor del megáfono grita lo mismo pero para dentro del bus. Quizás es que hay un guiri dentro. Me bajo y lo que veo es un polígono industrial y un nudo de carreteras que me deja confuso. Pregunto y me indican que estan justo al pasar la calle. En Kuala Lumpur tienen la manía de hacer las cosas en el aire. El metro no va bajo tierra como en todas las ciudades, va volando por la ciudad, sobre una vía altísima sobre gigantes vigas de hormigón. Pues aquí pasaba lo mismo pero con las carreteras. A los malayos les encanta hacer carreteras de esas que se levantan, y luego bajan y que se anudan en el aire y cosas así. Pues las Cuevas de Batu estaban justo destrás de uno de esos nudos de asfalto.

Al cruzar la puerta no puedes decir otra cosa que Ohhhh!. Se trata de una enorme y vertical pared de montaña, en la cual hay una entrada a una cueva a una altura considerable, en la que no se les ha ocurrido otra cosa que hacer escaleras para llegar a ella, lo más verticales posible. Al lado, una gigantesca imagen de un dios hinduísta en color dorado, al que está dedicado este templo. Y sí, esta es la mágia de Malasia, su mezcla cultural. Y yo con mi mente occidental me pregunto, ¿Que pintan Shiva, Ganesha, Vishnu, Parvati y toda su tropa en un país de religión musulmana? ¿Alguien es capaz de imaginarse en la Europa cristiana un gran templo musulmán, o hinduísta, construido con la grandeza del Monasterio de Montserrat o El Escorial? Quizás sea que nuestra mentalidad es más abierta en otros ambitos, pero en lo que se refiere a tolerancia y aceptacion de religiones, razas y culturas, Asia nos lleva unos cuantos pasos por delante y nos da grandes lecciones de convivencia.

Pues nada, me tocará subir escaleras. Una, dos, tres... doscientos setenta i dos inclinadísimos escalones hasta llegar a la entrada de la cueva. Entre escalón y escalón, decenas de monos robando cualquier tipo de comida o bebida que el visitante lleve encima. A mí me pareció algo peligroso ver como algunas señoras saltaban del susto cuando un mono las amenzaba, y se sostenían entre escalón y escalón manteniendo el equilibrio. Si una de ellas se cae, hace un dominó que llega hasta Thailandia.

Al entrar a las cuevas, te reciben los monjes hinduístas vestidos al tradicional modo sureño. Hay que tener en cuenta que la emigración de indios a Malasia fue casi siempre de la provincia de Tamil Nadu, que venían reclamados por el país para trabajos duros. Pues eso, que te reciben con el longgi (pareo hindú del sur), sin camiseta y pintados por todos sitios en devoción a sus dioses. La espectacularidad y el volumen interior de la cueva son para sorprenderse. Gigantescos huecos en la piedra, donde las filtraciones han creado un fantástico paisaje de estalactitas, y donde el elevado grado de humedad da su toque de color con el musgo que cubre ciertas zonas de la cueva. En el interior un pequeño templo hindú y algunas escaleras más, como no, llenas de monos. Siguiendo las escaleras se accede a un nuevo hueco gigante entre la roca, donde se encuentra el templo central. Decenas de hindús llevan sus ofrendas, siempre que los monos no se las hayan robado por el camino, que es la gran mayoría de los casos. Entre inciensos, flores, velas y canticos, el templo le da la mágia que se merecen tan bonitos paisajes subterráneos.

La visita no ha sido muy larga, así que me voy a comer que quiero llegar pronto a la estación de autobuses para dirigirme a mi siguiente destino. Esta vez será en la montaña. Os espero en las Cameron Highlands.








Kuala Lumpur

Hola a todos!

Por fin he llegado a mi destino. Mi experiencia en Abu Dhabi ha sido enriquecedora, no me parece una ciudad fea, pero los que me conocéis ya sabéis que el lujo, el derroche y las prohibiciones no van mucho conmigo. Así que mi visita de un día ha sido más que suficiente para lo que tenía planeado, conocer una de las ciudades más importantes de los Emiratos Arabes Unidos.

Y ahora sí, empieza la verdadera ruta, la que a mi más me gusta, empieza mi camino por Asia Oriental. Mi puerta de entrada de esta segunda etapa ha sido Kula Lumpur. La verdad es que el primer día lo he pasado combatiendo el jet lag. Después de 2 noches durmiendo muy poco y la paliza de andar que me dí en Abu Dhabi, estaba deseando pillar una buena ducha y un colchón en el que descansar. Así que a las 16:00h horario malayo (suma 6 horas de diferencia con España), estaba entrando en el segundo y definitivo albergue del barrio de Chinatown de la gran capital de Malasia, y una hora más tarde estaba duchadito y metido en la cama. A las tres horas me despiertan las conversaciones de mis compañeros de habitación, pues duermo en un dormitorio con 7 personas más. Así que decido dar un paseo. Noto que mis piernas no dan mucho de sí, pues sigo agotado, así que decido dar un corto paseo por el mercado chino que hay justo debajo del albergue. Se trata del mercadillo por exceléncia de la ciudad, parece que estoy alojado en un buen enclave. Mi estomago me pide comida, así que decido sentarme en un restaurante a saborear unos deliciosos noodels (fideos) fritos al estilo mar y montaña. Que alegría reencontrarme de nuevo con la riquísima comida de Asia. Después de la cena, intento descansar un poco, pero me dan las 4 de la noche otra vez, aunque claro, en españa solo son las diez de la noche.

Me despierto sustado por la mañana. ¿Que es ese ruido? Parecía que el edificio se venía abajo. Parece ser que había sobrepasado la hora límite establecida por el hostel para dormir, y un señor parece divertirse con su martillo percutor haciendo una nueva puerta justo en frente de mi cama. Al preguntarle me dice que la habitación de chicas está muy mal situada, pues para el al baño tienen que atravesar la habitación de chicos y hace una broma sobre nuestra ropa interior y algunas extrañas poses de mis compañeros de habitación. Así que no era un terremoto, era la petición de unas delicadas princesas viajeras que duermen en albergues de 3 euros, pero eso sí, sin la desagradable vista de un hombre en calzoncillos.

Esta divertida anécdota me da pie a bromear con mi vecino de cama, un sueco llamado Benjamin, con el que me reí tanto por la mañana, que decidimos pasar el día juntos. Estuvimos paseando por Chinatown, callejeando y descubriendo mercados, templos taoístas, hinduístas, y un largo etcétera de las novedades que la ciudad nos ofrecía ante nuestros ojos. Y sin darnos cuenta, aparecimos ante la llamada al rezo de una gran mezquita antiquísima, Masjid Jamek, a la que no nos dejaron entrar por ser hora de rezo y porque mi nuevo amigo iba en pantalón corto. Pues ya volveremos en otro momento. Seguimos andando hasta dar con la Plaza Merdeka. Aunque el nombre de esta plaza saque una sonrisa a cualquier hipanohablante, el significado de merdeka en malayo es libertad, pues es la plaza conmemorativa del día de a independéncia del país. En esta enorme plaza se encuentra la bandera colgada sobre el mástil más alto del mundo (cien metros), el museo nacional de historia de la ciudad, así como la gran biblioteca nacional y algunas casas coloniales. Todo ello rodeando un gran espacio de césped, del que fue un campo de cricket, vigilado por una enorme pantalla gigante donde se exponen actos religiosos y deportes, y delimitada al otro extremo por un precioso edifico llamado Sultan Abdul Samad, que combina la arquitectura colonial islamica con arquitectura mongola. Visitamos cada uno de los edificios, descubriendo interesantes anécdotas, como que por ejemplo Kuala Lumpur quiere decir afluencia de dos ríos en chino, pues justo el centro de la ciudad es el encuentro de las aguas de los ríos Klang y Gombak. También descubrimos que la ciudad fue creada por expediciones chinas que llegaron a Malasia para la explotación de yacimientos de estaño en 1857, y aunque muchos de ellos morían por infección de malaria, el negocio era tan bueno que crearon una gran ciudad alrededor.

Al salir de la plaza merdeka el cielo empieza a coger un color oscuro que no pronostica nada bueno. Así que propongo a Benjamin buscar un restaurante local en el que poder degustar algo de comida malaya. Encontramos uno justo a la entrada de Little India, donde nos atendieron de maravilla y comimos un arroz con pollo exquisito. Durante las dos horas que duró la intensa tormenta, Benjamin y yo estuvimos charlando sobre viajes y experiencias. Comer y charlar en un restaurante abierto (sin paredes a la calle) mientras el monzón deja caer litros y litros de agua con una fuerza brutal es una de las experiencias que recomiendo a todo el mundo. Parece el fin de la humanidad, con el ensordecedor estruendo de los truenos y el gran aguacero. Y dos horas más tarde, un sol resplandeciente que nos invita a chapotear los enormes charcos de la ciudad. Salimos a pasear, esta vez orientados por las gemelas Torres Petronas, que se ven desde varios quilometros a la redonda. Por el camino, encontramos grandes rascacielos pertenecientes a hoteles, empresas y sobretodo a la banca, una reserva forestal en medio de la ciudad, en la que una impenetrable jungla protege la Kuala Lumpur Menara Tower, la Torre nacional de la ciudad que es la tercera torre de comunicaciones más alta del mundo.Nuestra pena es que la jungla está cerrada por obras y a la torre no vamos a subir porque nos parece excesivo su precio. Así que buscaremos otra forma de ver la ciudad desde arriba.

Y tras atravesar una intrerminable jungla de gigantes rascacielos, por fin las Torres Petronas. Siempre he pensado que los monumentos, edificios o curiosidades naturales de gran tamaño solo pueden disfrutarse cuando uno se encuentra frente a ellos. Y sí, uno puede ver cientas de fotos de las Torres Petronas, pero cuando uno las tiene en frente, se siente pequeño, diminuto, ante la majestuosidad de las nuevas creaciones del ser humano. ¿Como puede elevarse un edificio tan y tan alto sin riesgo alguno? Y si es difícil con uno, ¿como hacerlos con dos iguales? Las torres gemelas de Kuala Lumpur es uno de esos edificios ante los cuales uno se queda petrificado, entre la imponencia de su gran tamaño y la búsqueda de explicaciones a estas grandes construcciones. ¿Quien no ha tenido nunca un lego? Pues a partir de aquí solo hay que darle vueltas a la imaginación para perderse en un mundo de arquitectura infantil.

A la vuelta con la realidad, volvemos a Little India. Tanto Benjamin como yo echamos de menos el sabor picante de la deliciosa comida india, así que buscamos un restaurante tamil en el que degustar un buen arroz con verduras con un delicioso dhal, acompañado de un refrescante zumo de zanahorias y de postre... Un viaje en el tiempo a través de un gran vaso de chai. Por unos segundos mi paladar me transportó al país del que un día me enamoré, y entre risas y buenos recuerdos, Benjamin y yo empezamos a recordar algunas frases en hindi y los mejores lugares y experiencias en India. Todo ello acompañado de un ambiente único, pues la cena fue servida en una terraza con vistas a las petronas y a la kuala lumpur negara, que ahora sí, estaban totalmente iluminadas, como dos gigantes que velan por la seguridad de la ciudad. El día no podía acabar mejor, así que ya era hora de recogerse y descansar. Mañana será otro dia.

¿Otra vez me depierto asustado por un ruido ensordecedor? ¿No será otra puerta nueva? Con no muy buen humor miro por la ventana, está lloviendo a mares y lo que me ha despertado hoy ha sido un trueno que ha hecho vibrar hasta los cimientos del hostel. Hoy me quedo en la cama. Después de unas horas pasando el tiempo leyendo, parece que la lluvia afloja. Así que voy a aprovechar para ver algo de la ciudad. Hoy visitaré Los jardines del Lago. Nada más salir del hostel me dirijo a la estación de trenes llamada Luala Lumpur. Ni voy a coger un tren ni es la estación central de la ciudad. Se trata de la antigua estación central, cuyo diseño es de estilo colonial musulmán, y merece la pena una paradita para visitarla. Justo detrás de la estación me encuentro con Negara Masjid, la mezquita nacional de Kuala Lumpur. Se trata de la mequita más moderna que he visto nunca, y aunque mantiene su estructura musulmana, tiene un aire futurista, con el tejado acristalado multicolor y formas mucho más rectas a lo que estamos acostumbrados en la arquitectura musulmana.

Y justo destrás de la gran mezquita empieza mi ruta por los jardines del lago. Se trata de la más importante zona de respiro de la ciudad, donde los habitantes de Kuala Lumpur pueden desconectar y descansar junto a sus amigos y famílias gracia a la variedad de actividades de ocio de que dispone el parque. Me encuentro en una gran colina, en la que se se puede visitar el aviario abierto más grande del mundo, donde cientos de diferentes especies vuelan a sus anchas bajo una gigantesca red, tan grande que no se alcanza a ver de un solo vistazo, sino que hay que rodear el parque para verla por trozos. No entré porque no estoy tan interesado en las aves como para pagar los 48 ringgits (12 euros) que me pedían en la entrada, así que mejor ahorrarlos para alguna actividad que me llame más la atención. Además del aviario, también podemos visitar el planetario con su maqueta a escala del Stonehenge de Inglaterra. También hay dos jardines muy bien cuidados, uno de orquídeas y otro de hibíscus, así como un enorme parque infantil, un relajante lago donde pasear en barca, el monumento nacional, un anfiteatro para conciertos y otros eventos y una pequeña reserva de bambies, donde descubrí que existen razas del tamaño de un chihuaha. Para los curiosos, se llaman Kancil y mousedear , y no pude hacerles fotos porque estaba oscureciendo y había una red metálica entre ellas y yo. Eso sí, me reí un montón. Si investigais un poquito también veréis que forman parte de fabulas contadas a los niños de forma tradicional. Pues después de visitar el parque, y haber disfrutado un poquito de éste corto día, me dirijo dirección el hostel para una buena ducha, cenar y a dormir.

Buenos días! Éste es mi tercer y último día en Kuala Lumpur. Esta vez visito el norte de la ciudad. El motivo es que me resulta injusto y a la vez muy interesante visitar el barrio malayo de Kuala Lumpur. ¿Solamente Chinatown y Little India son dignas de ser visitadas por turistas? ¿Pero no estoy en Malasia? Pues sin hacer caso a recomendaciones me dirijo a Kampung Bharu, el barrio malayo de la ciudad, donde, para mi sorpresa, encuentro lo que realmente me gusta de un lugar, su autenticidad. Nada más bajarme del tren, la gente me mira como a un extraño, cosa que en el centro de la ciudad no pasa. Todo el mundo me saluda con una alegre sonrisa, me preguntan de que país soy, incluso muchos tocan el claxon de sus vehículos al pasar por mi lado. El barrio, se encuentra justo detrás del precioso parque que rodea las Torres Petronas, dandole un significativo contaste a la ciudad, pues desde aquí se puede apreciar la combinación entre la antigua Malasya y su acelerada evolución hacia la modernidad. Antiguas casas de madera de una sola planta, entremezcladas con pequeños restaurantes self service de comida malaya, albergan a una población no tan moderna. no tan occidental, mucho más auténtica. En Kampung Bharu no se vive tanto la mezcla del centro, donde se pueden ver restaurantes indios en chinatown, o tiendas de chinos en little india, aquí todas las mujeres visten con el pañuelo en la cabeza, y los rasgos de los habitantes de kampung Barhu son puramente malayos. Al acercarme a un restaurante para comer algo, todas las miradas se dirigieron a mi, entre risas y admiración, gestos de sorpresa, fui amablemente atendido por la pareja dueña del local. Como era self service aproveché para probar de todo un poco, rico pescado a la brasa, carne seca especiada, pollo con salsa dulce, y como no, un buen plato de arroz. Mientras comía, en la televisión emitían una película de cine malayo antiguo, o por lo menos daba la sensación de no ser muy de ahora, pero algunos no pudieron resistir la tentación de pasar la hora de la comida mirandome y riendose, haciendo gestos y carantoñas. Ahora sí, me siento de nuevo en Asia, el continente desconocido en el que mis ojos redondos o mi tullida barba son motivo de sorpresa.

Después de la agradable comida, seguí caminando hacia el norte, hasta encontrarme con otra zona de ocio y descanso, el lago Titiwangsa. Hoy es domingo, así que creo que he elegido el mejor día para disfrutar de este gran parque, donde apenas hay un gran lago y un escenario, pero donde la gente disfruta de su día libre compartiendo buenos momentos con sus gentes, y disfrutando de las actividades y hobbies que más les gusta. Entre otros, pude contemplar a jovenes estudiantes de artes marciales practicando sus técnicas más estratégicas, padres llevando a sus hijos al parque, o el momento más divertido, el concurso malayo de jovenes promesas del heavy metal, donde montones de grupos amateurs desafinaban sus instrumentos y sus voces imitando a clásicos como Metállica, AC/DC o Nirvana. Desde el lago hay unas mágnificas vstas de las colinas que rodean la ciudad, y entre ellas pude ver una enorme nuve negra que avanzaba a pasos acelerados. Oh, Oh! Me toca correr hasta la estación de tren. Hasta Pronto!













viernes, 12 de octubre de 2012

Abu Dhabi


Hola a todos!

Ya estoy aquí de nuevo para poneros al día de las aventutras que la mochila que llevo a cuestas (Mochila Asiática) y yo empezamos a vivir de nuevo por este hermoso continente. Para los que no estáis informados, el blog dejó de publicar posts en Mayo por que tuve que volver a España a arreglar papeles, a la boda de mis primos y a hacer algo de dinero para volver a reanudar esta aventura. Ahora, con los deberes hechos, vuelvo a ilusionarme por aquello que dejé pendiente, mi camino por Asia.

Muchos os pregutaréis donde estoy. Pues es mi segundo día de viaje, y os escribo desde un abergue en Kuala Lumpur, capital de Malasia. Pero llegar aquí no ha sido ni fácil ni aburrido. Cuando estaba todavía en Barcelona mirando vuelos (siempre busco el más barato), me dije que no me importaba cual fuese el destino, el día de salida o cuantas escalas tuviera que hacer siempre que se cumplieran 2 condiciones: que fuese un país asiático y que el precio fuese el mínimo posible. Y así encontré mi vuelo hacia Kuala Lumpur, con 3 escalas. Saldría de Barcelona a las cinco de la tarde para después de 2 horas de vuelo llegar a Bruselas. Esperar tres horas en el aeropuerto y volver a tomar un avión, éste de 6 horas de vuelo, hasta Abu Dhabi. En Abu Dhabi estaría 20 horas de escala comprendidas entre las 6.30 de la mañana y las 2,30 de la noche. ¿No es perfecto para visitar la ciudad? Y encima los Emiratos Arabes Unidos no piden visado para los visitantes de la Unión Europea. Y después de la visita a Abu Dhabi, volvería a tomar el último avión destino Kuala Lumpur. Después de 40 horas de intenso viaje y muy muy agotado, me encuentro en la cama de mi albergue en Malasia y decido escribir este primer paso de la nueva aventura. Así que empezaremos esta nueva temporada con mi estancia de un día en Abu Dhabi.

La noche anterior al viaje había dormido 3 horas. ¿Por que? Porque hay que aprovechar las últimas horas en España saliendo de parranda. En el vuelo a Bruselas pude dormir crerca de 30 minutos y en de destino a Abu Dhabi una hora y media aproximadamente. Así que me presento en la capital de los Emiratos Arabes, con 20 horas para aprovechar al máximo y un sueño que me moría. ¿Que se hace en estos casos? Echarle un par, y luchar contra el sueño y el cansancio durante todo el día. Me vestí con la mejor de mis sonrisas, avisé a mis piernas de que hoy no pararíamos y me fuí directo al corazón de la gran ciudad árabe. Antes, debía cambiar algo de dinero para pasar el día. Cuando me acerco a la ventanilla de cambio de divisas me llevo la primera decepción del país. Un opaco burka de color negro esconde la supuesta belleza inadmirable por las leyes musulmanas de la chica o mujer que iba a cambiarme el dinero. Deberé irme acostumbrando a que no todos los países ni culturas disfrutan de las libertades de mi tierra natal, pero ante todo, tolerancia y respeto. Al salir del aeropuerto ya noto un calor asfixiante que me dificulta la respiración por segundos hasta que me acostumbro al elevadísimo nivel de humedad. Quien haya estado en Asia o Caribe sabe de que hablo. Estoy en el aparcamiento del aeropuerto pero no veo nada más allá a 5 pasos de mi. ¿Qué pasa? Se puede ver la humedad, haciendo volar el estado gaseoso del agua y que no permite ver más que una pared blanca. Bonita estampa de la tímida ciudad. Bienvenido a la nada.

Evito a taxistas y compañías privadas de buses que intentan convencerme de que són la mejor opción para viajar al centro, me informo donde se toma el bus local. Haré parada en Sehikh Zayed, la Gran Mezquita de Abu Dhabi. Se trata de un imponente templo situado en la entrada norte de la ciudad, el cual da la bienvenida a cualquier visitante con su visible exposición, ya que se trata de un gigante edificio construido en medio de nada. Cuanto más me acerco a él, más disfrutan mis ojos. El reluciente márbol blanco, la elegancia de sus minaretes, la majestuosidad de sus cúpulas. Se nota que es una mezquita moderna, fue construida en 2007 y la ciudad donde está construida, pues ha dejado huella en el lujo que la compone. Los Emiratos Arabes Unidos es uno de los países del mundo con mayor producción de petróleo anual, por lo que podréis imaginar que dinero no es lo que falta en este país. Así que decidieron construir esta preciosa mezquita, la tercera más grande del mundo, con 600 millones de dolares. Bañada por enorme piscinas y fuentes, rodeada a los cuatro vientos de cientos de columnas con motivos tallados es piedras semipreciosas sobre mármol blaco, envuelven un lujoso interior que alberga la alfombra más grande del mundo y lámparas de cristal swarosky valoradas en más de un millon de dolares cada una. Así como EAU es el país del dinero y el lujo y ello se nota en la limpieza de sus ciudades, educación de sus gente, y el interminable lujo que ostentan tanto con sus coches como ropas y arquitectura moderna, también es el país de la represión y el control del pueblo a través de un exceso de implantación de la interpretación de las leyes islámicas. En e caso de la mezquita se ve por la imposición en la normativa de vestimenta, que no deja al hombre ir en pantalón corto y a ninguna mujer, sea de la religión que sea la obligan a ir tapada de cuerpo entero y cabeza también. Aunque resulte gracioso ver a decenas de chinas haciendose fotos tapadas hasta elmás mínimo pelo, no deja de sorpender la dureza del control y desigualdad de sexos establecido. Además, hombres y mujeres entran a la mequita por diferente puerta.

Y después de visitar la gran mezquita tomo de nuevo un bus hacia Marina Mall. Se trata del mayor y más lujoso centro comercial de Abu Dhabi, donde se puede observar a los jeques y millonarios de la ciudad (que no son pocos), acompañdos de sus esposas para comprar cualquier tipo de capricho sin la más mínima intención de mirar cuál es el precio que pone en la etiqueta. Y así es, porque Abu Dhabi es la ciudad donde no verás un coche barato o pequeño, donde no verás un ciudadano pidiendo en la calle, es la ciudad donde las necesidad materiales están más que cubiertas para sus habitantes. Derroches inmesurables de dinero en ropa, joyas, restaurantes, hoteles, yates... Marina Mall se encuentra en una pequeña peninsula al oeste de la ciudad, y desde allí se puede visitar el interminable paseo marítimo, de más de 8 km, donde los rascacielos pelean para comprobar quien es el que toca antes las nubes. Cientos de enormes edificios dispuestos en línea frente al mar, en el cual no hay ni una sola ola ya que se construyó un enorme rompeolas que llega hasta el fin del paseo para la comodidad de los bañistas. Como las mejores vistas de la ciudad y el paseo son desde el rompeolas, lo visité caminando de punta a punta del mismo, del cual pude hacer buenas fotos de los edificios, además de visitar el teatro nacional y un museo al aire libre, Este museo se llama Heritage Village y explica la cultura tradicional árabe con muestras y maquetas a tamaño real de la vida en el desierto, en el que se pueden visitar casas de hoja de palmera, construidas con piedra o incluso enormes jaimas de tela.

Y como no podía irme sin probar el agua del Golfo Pérsico, me puse el bañador y me di un chapuzón rodeado de los enormes rascacielos. El agua estaba limpia y muy transparente, pero también tenía una temperatura de jacuzzi que no me gustó nada. Sí, soy un chico de aguas frías, y considero que un chapuzon debe refrescarte después de muchas horas andando a 40 grados con efecto humedad y con una mochila de 12 kg a la espalda. Ahí os dejo una foto de remojón.

Y para terminar el día visité el Emirates Palace Hotel. Se trata del hotel cuya construcción es la más cara del mundo, ya que el estado se gastó más de 3 billones de dolares. Está permitido visitar la primera planta, y ver la belleza de su interior. Un relaciones públicas del hotel me explicó un poco la história y algunas anécdotas, como que en este momento estaba alojado Bill Gates, o que se iban a celebrar los eventos más iportantes del Festival de Cine de Abu Dhabi.

Lo que más me ha gustado de Abu Dhabi, que al tener exceso económico, las entradas a los lugares turísticos son  gratuitos y el transporte público muy barato. Además de la amabilidad y cortesía de sus gentes, muy bien educadas. Y lo que menos es el excesivo control y represión del pueblo. Aunque entre la fe y la economía podría decir que los Emiratos Arabes Unidos es un país clasificado a mi parece como País Feliz. Sé que estos temas dan para largos e inquietantes debates, así que ahí os dejo con vuestras reflexiones sobre materialismo y religión. Un fuerte abrazo a todos. Hasta muy pronto.








jueves, 20 de septiembre de 2012

Hasta Pronto


¡Hola a todos!

En primer lugar quería disculparme ante vosotros, los lectores de Mochila Asiática, por haber abandonado el blog sin una despedida. No tengo excusas, pero la vuelta a casa fue tan.. “extraña”, que no encontré el momento idóneo para escribir un final. Ya he aprendido que para la próxima vez, me despido desde el lugar de despedida. 

Ahora, a punto de reemprender de nuevo la aventura por tierras asiáticas, me veo obligado a darle un fin, o mejor dicho un punto y seguido, a mi primera estancia en oriente. Pero eso sí, voy a hacerlo como debería haberlo hecho en su día. Así que necesito un poco de colaboración por vuestra parte, para que esto salga bien. Os pido un poco de imaginación para que podamos retroceder en el tiempo y transportarnos a aquel mes de mayo en que la aventura estaba contando la marcha a atrás para la llegada de su fin. Entonces… ¿todos concentrados? Pues vuelvo a empezar.

¡Hola a todos!


Aquí estoy de nuevo, entre penas y alegrías, pues hoy no voy a describir un bonito paisaje, ni una aventura con las gentes de Nepal, ni nada que se parezca a cualquier post escrito hasta hoy. Estoy aquí para disfrutar recordando, para añorar y para dar la despedida a este increíble viaje que ha durado 3 meses y 3 semanas. Parece mentira que haya pasado tan y tan rápido el tiempo, pues aún recuerdo aquel 23 de Enero en que mi mente estaba confusa y mi cuerpo inseguro. Había dejado mi trabajo, mi familia, mis amigos, mi piso, mis costumbres… ¡Mi vida! Me lanzaba al vacío, a un país desconocido, misterioso,… a la “acojonante” India. Cubierto de miedo y mucha incertidumbre subía a un avión, el vuelo de las ilusiones, del explorador de países desconocidos, el avión del echar de menos, de extrañar a mi gente nada más poner un pie en él. Un vuelo que sabía que cambiaría mi vida y mi forma de pensar, cambiaría mi punto de vista sobre el mundo, pero no sabía en qué dirección iría ese cambio. Acaba de detener mi vida por completo y subir a ese avión era como volver a nacer. A partir de entonces, crecería un nuevo Carlos, al que siquiera yo conocía.

Después de un largo viaje, doy mis primeros pasos en la tierra sagrada, la India. Mi llegada a Bombay fue como entrar en un mundo de fantasía, todo es diferente a lo que yo conozco. Entiendo que debo resetear mi cerebro, olvidarme de lo aprendido, reaprender de nuevo. Paso del frío invernal de Barcelona al calor tropical de Bombay, los olores son diferentes, las personas tienen otro aspecto, las vestimentas, y sobretodo… el ajetreado movimiento de la ciudad. Entre el sonido de cientos de cláxones y entusiasmado por conocer todas las novedades que mi mente es incapaz de asimilar en ese momento, tomo el taxi que me lleva a iniciar esta gran aventura a la que comercialmente llamé Mochila Asiática y a la que personalmente llamo La Aventura de mi Vida. 

Y ahora, después de 3 meses y 3 semanas tengo que decir adiós a Asia. Pero no estoy dispuesto a abandonar para siempre este fascinante continente, por lo que regreso a España a solucionar unos asuntillos pendientes, a ver a mi gente, a hacerme de algo de presupuesto para que en breve (octubre), estar de vuelta para seguir viviendo mi aventura oriental, y poder contaros cosas sobre los interesantes lugares que visitaré entonces.

Pero esto será pasado el verano, y ahora hay que tocar con los pies en el suelo, vuelvo a casa. Después de estar 3 meses y 3 semanas viendo a mi familia y amigos a través de una webcam, nada me apetece más que poder darles un abrazo en persona, disfrutar de buenos momentos con ellos. Así que es una alegría poder volver a casa y estar con mi gente.

Por otra parte, siento que es muy pronto para volver. Cuando uno está en casa y se plantea viajar por largo tiempo, casi 4 meses parecen una eternidad. Pero ahora, una vez transcurrido ese tiempo, y habiendo estado en países con una cultura tan profunda y diferente como India y Nepal, 4 meses no valen para más que empezar a saborear la realidad del país. Cuando llegué a india, el choque cultural provocó que mi cabeza no entendiera nada de lo que veía, simplemente me dediqué a curiosear y disfrutar con la exploración. Lo comparo como un parto hacía la nueva vida, donde la llegada al mundo hace que la cosa más minúscula e insignificante llame nuestra atención. Yo me sentía como un niño salido del vientre de mi madre, pues acababa de salir de mi burbuja occidental. Cuando van pasando los días vas conociendo un poco mas de la cultura, las diferentes religiones de la India, las variadas formas de vida, etc.… En ese momento te das cuenta que tienes un nuevo mundo ante tus sentidos, que nada se rige por las leyes de occidente. Todo un mundo que descubrir en tan solo 3 meses. ¿Podéis imaginarlo? Ese es el motivo por el cual escribí el post el día que mi visado de india finalizaba y tenía que cruzar la frontera en dirección Nepal. Nunca había imaginado estar 3 meses en un mismo país, pensé que mi culo inquieto no aguantaría “tanto tiempo”. Y me vi abandonando el país con la miel en los labios, con ganas de seguir explorando, aprendiendo, profundizando en la cultura, religión, sociedad, historia… Los 3 meses me habían dado lo justo para oler el extraño pero atractivo olor de la India, y engancharme a él como la peor de las drogas. Y con esto no quiero decir que no haya aprendido nada, sino todo lo contrario. Conozco los principales dioses del hinduismo, sus atributos y algunas de sus historias y anécdotas, conozco algunos cuentos de la mitología hindú, y he llegado a sentirme medianamente adaptado con las costumbres del país, o por lo menos, no tan perdido. Conozco los principales platos de la cocina de India, y sé elegir lo que más me gusta de un menú. Incluso he aprendido algo de la lengua hindi y empiezo a comunicarme con ellos en su propio idioma.

Pero la India es un país tan profundo y diferente… Nada más y nada menos que 5.000 años de historia. Me gustaría profundizar más en su religión y mitología leyendo libros sagrados como el Gita o los Upanishads, conocer más sobre su historia pacifista, su ancestral medicina ayurvédica, sus costumbres, formas de vivir, etc.…

Al llegar a Nepal, vuelta a empezar. Me encuentro con un país con nuevas costumbres, nueva religión (budismo), nueva cultura, nueva comida. Otro nuevo mundo por descubrir, pero esta vez solo tengo 3 semanas. 

Si podéis poneros por un momento en mi piel entenderéis por que no es el momento de volver a casa. Pero mis obligaciones occidentales me obligan a hacer un paréntesis en el camino y decir, no adiós, sino hasta pronto a ésta mágica aventura de descubrir Asia.
Y antes de despedirme y volver a casa, quiero dedicar mis última palabras a agradecimientos, pues este increíble viaje se ha hecho mucho más cómodo, fácil, agradable e interesante gracias a muchas personas que han formado parte de él.

En primer lugar doy gracias a mi familia, por la tolerancia y apoyo ofrecidos. Imagino que es difícil para un padre y una madre entender que un hijo decida dejar todo en su vida para viajara a 12.000 km de distancia en busca de algo que llaman felicidad. Pero ellos lo han hecho de forma inmejorable. No solo lo han aceptado mi decisión sino que además he contado con su apoyo en todo momento. Nunca he encontrado una duda en ellos, ni han sido un obstáculo para mi, sino todo lo contrario, me han dado fuerza para emprender esta aventura. Saber que tienes un hombro en el que derrumbarte o una sonrisa con la que celebrar, pase lo que pase, no tiene precio. Gracias Papa. Gracias Mama.

Pero mi familia no es solo mi padre y mi madre. También tengo una hermana y un cuñado, que aún teniendo vidas y formas de pensar muy diferentes , han estado a mi lado en cada momento, se han interesado por mi aventura y por como estoy, y han seguido cada paso que he dado. Gracias Jose y Laura.
Gracias también a todos mis amigos, a los que me han comprendido más, y a los que menos también. Porque un amigo es eso, entiendas o no las decisiones de tu compañero, sigues ahí a su lado, ofreciéndote para lo que se te necesite, aun pensando que tu amigo esta cometiendo la mayor locura de su vida. Gracias a todos los que sabéis y se que estaréis siempre a mi lado, apoyándome en mi forma de vivir, la compartáis o no. 

Gracias también a Dhwani y a la familia Pandya por su amistad incondicional, por enseñarme una gran parte de las profundidades de la India, por guiarme en mi camino, por su hospitalidad y afecto, por ser mi gran apoyo en un país que no es el mío, por no dejar nunca que me sintiera solo en india. Dhanyabad Pandya family.

Gracias también a Kamal, y a la familia Koirala, por acogerme en su casa durante mi estancia en Pokhara, por ser tan cariñosos y hospitalarios conmigo, por no dejar que el día de mi cumpleaños pasara sin una celebración, por hacerme sentir que tengo una familia en Nepal. Gracias a las personas que nada tienen y todo lo dan. Dhanyabad Koirala family.
Gracias a todas aquellas personas que se han cruzado en mi camino, mochileros de todos los países del mundo, que me han dado compañía, cariño, buenas conversaciones, apoyo en los momentos duros y risas en los momentos de diversión. ¡Feliz camino mochileros! Espero cruzarme de nuevo con vosotros en cualquier parte del mundo.

Y para terminar quiero dar gracias a los niños, a los que quiero dedicar este último post. Sí, sí, a los niños. Porque cuando ya no puedes más, cuando el cansancio físico y mental pueden con tu estado de animo y tu buen humor, cuando piensas ¿Qué hago yo aquí?, cuando todo se derrumba. Siempre hay una inocente sonrisa de un niño dispuesta contagiarse y ha hacerte sonreír. Porque los niños del mundo, sean de donde sean, pobres o ricos, de cualquier religión, casta o condición social, tienen un tesoro que nadie les puede quitar: una sonrisa tan pura que hace levantar hasta la más hundida de las almas. Y como he dicho al empezar este post, mi vuelo a la India fue como el parto hacia una nueva vida, en el Sur di mis primeros pasos, y en octubre volveré a viajar a Asia. Muchos me preguntan… ¿Otra vez? ¿para que? Para seguir viviendo de mi inocencia, para recuperar mi sonrisa de niño, para volver a disfrutar de mi niñez.

 ¡Hasta muy Pronto! Un fuerte abrazo a todos.

PD: Os dejo este enlace a google donde podréis consultar la ruta del viaje completo, para localizar cada post en el mapa. Espero que os guste.