martes, 16 de octubre de 2012

Kuala Lumpur

Hola a todos!

Por fin he llegado a mi destino. Mi experiencia en Abu Dhabi ha sido enriquecedora, no me parece una ciudad fea, pero los que me conocéis ya sabéis que el lujo, el derroche y las prohibiciones no van mucho conmigo. Así que mi visita de un día ha sido más que suficiente para lo que tenía planeado, conocer una de las ciudades más importantes de los Emiratos Arabes Unidos.

Y ahora sí, empieza la verdadera ruta, la que a mi más me gusta, empieza mi camino por Asia Oriental. Mi puerta de entrada de esta segunda etapa ha sido Kula Lumpur. La verdad es que el primer día lo he pasado combatiendo el jet lag. Después de 2 noches durmiendo muy poco y la paliza de andar que me dí en Abu Dhabi, estaba deseando pillar una buena ducha y un colchón en el que descansar. Así que a las 16:00h horario malayo (suma 6 horas de diferencia con España), estaba entrando en el segundo y definitivo albergue del barrio de Chinatown de la gran capital de Malasia, y una hora más tarde estaba duchadito y metido en la cama. A las tres horas me despiertan las conversaciones de mis compañeros de habitación, pues duermo en un dormitorio con 7 personas más. Así que decido dar un paseo. Noto que mis piernas no dan mucho de sí, pues sigo agotado, así que decido dar un corto paseo por el mercado chino que hay justo debajo del albergue. Se trata del mercadillo por exceléncia de la ciudad, parece que estoy alojado en un buen enclave. Mi estomago me pide comida, así que decido sentarme en un restaurante a saborear unos deliciosos noodels (fideos) fritos al estilo mar y montaña. Que alegría reencontrarme de nuevo con la riquísima comida de Asia. Después de la cena, intento descansar un poco, pero me dan las 4 de la noche otra vez, aunque claro, en españa solo son las diez de la noche.

Me despierto sustado por la mañana. ¿Que es ese ruido? Parecía que el edificio se venía abajo. Parece ser que había sobrepasado la hora límite establecida por el hostel para dormir, y un señor parece divertirse con su martillo percutor haciendo una nueva puerta justo en frente de mi cama. Al preguntarle me dice que la habitación de chicas está muy mal situada, pues para el al baño tienen que atravesar la habitación de chicos y hace una broma sobre nuestra ropa interior y algunas extrañas poses de mis compañeros de habitación. Así que no era un terremoto, era la petición de unas delicadas princesas viajeras que duermen en albergues de 3 euros, pero eso sí, sin la desagradable vista de un hombre en calzoncillos.

Esta divertida anécdota me da pie a bromear con mi vecino de cama, un sueco llamado Benjamin, con el que me reí tanto por la mañana, que decidimos pasar el día juntos. Estuvimos paseando por Chinatown, callejeando y descubriendo mercados, templos taoístas, hinduístas, y un largo etcétera de las novedades que la ciudad nos ofrecía ante nuestros ojos. Y sin darnos cuenta, aparecimos ante la llamada al rezo de una gran mezquita antiquísima, Masjid Jamek, a la que no nos dejaron entrar por ser hora de rezo y porque mi nuevo amigo iba en pantalón corto. Pues ya volveremos en otro momento. Seguimos andando hasta dar con la Plaza Merdeka. Aunque el nombre de esta plaza saque una sonrisa a cualquier hipanohablante, el significado de merdeka en malayo es libertad, pues es la plaza conmemorativa del día de a independéncia del país. En esta enorme plaza se encuentra la bandera colgada sobre el mástil más alto del mundo (cien metros), el museo nacional de historia de la ciudad, así como la gran biblioteca nacional y algunas casas coloniales. Todo ello rodeando un gran espacio de césped, del que fue un campo de cricket, vigilado por una enorme pantalla gigante donde se exponen actos religiosos y deportes, y delimitada al otro extremo por un precioso edifico llamado Sultan Abdul Samad, que combina la arquitectura colonial islamica con arquitectura mongola. Visitamos cada uno de los edificios, descubriendo interesantes anécdotas, como que por ejemplo Kuala Lumpur quiere decir afluencia de dos ríos en chino, pues justo el centro de la ciudad es el encuentro de las aguas de los ríos Klang y Gombak. También descubrimos que la ciudad fue creada por expediciones chinas que llegaron a Malasia para la explotación de yacimientos de estaño en 1857, y aunque muchos de ellos morían por infección de malaria, el negocio era tan bueno que crearon una gran ciudad alrededor.

Al salir de la plaza merdeka el cielo empieza a coger un color oscuro que no pronostica nada bueno. Así que propongo a Benjamin buscar un restaurante local en el que poder degustar algo de comida malaya. Encontramos uno justo a la entrada de Little India, donde nos atendieron de maravilla y comimos un arroz con pollo exquisito. Durante las dos horas que duró la intensa tormenta, Benjamin y yo estuvimos charlando sobre viajes y experiencias. Comer y charlar en un restaurante abierto (sin paredes a la calle) mientras el monzón deja caer litros y litros de agua con una fuerza brutal es una de las experiencias que recomiendo a todo el mundo. Parece el fin de la humanidad, con el ensordecedor estruendo de los truenos y el gran aguacero. Y dos horas más tarde, un sol resplandeciente que nos invita a chapotear los enormes charcos de la ciudad. Salimos a pasear, esta vez orientados por las gemelas Torres Petronas, que se ven desde varios quilometros a la redonda. Por el camino, encontramos grandes rascacielos pertenecientes a hoteles, empresas y sobretodo a la banca, una reserva forestal en medio de la ciudad, en la que una impenetrable jungla protege la Kuala Lumpur Menara Tower, la Torre nacional de la ciudad que es la tercera torre de comunicaciones más alta del mundo.Nuestra pena es que la jungla está cerrada por obras y a la torre no vamos a subir porque nos parece excesivo su precio. Así que buscaremos otra forma de ver la ciudad desde arriba.

Y tras atravesar una intrerminable jungla de gigantes rascacielos, por fin las Torres Petronas. Siempre he pensado que los monumentos, edificios o curiosidades naturales de gran tamaño solo pueden disfrutarse cuando uno se encuentra frente a ellos. Y sí, uno puede ver cientas de fotos de las Torres Petronas, pero cuando uno las tiene en frente, se siente pequeño, diminuto, ante la majestuosidad de las nuevas creaciones del ser humano. ¿Como puede elevarse un edificio tan y tan alto sin riesgo alguno? Y si es difícil con uno, ¿como hacerlos con dos iguales? Las torres gemelas de Kuala Lumpur es uno de esos edificios ante los cuales uno se queda petrificado, entre la imponencia de su gran tamaño y la búsqueda de explicaciones a estas grandes construcciones. ¿Quien no ha tenido nunca un lego? Pues a partir de aquí solo hay que darle vueltas a la imaginación para perderse en un mundo de arquitectura infantil.

A la vuelta con la realidad, volvemos a Little India. Tanto Benjamin como yo echamos de menos el sabor picante de la deliciosa comida india, así que buscamos un restaurante tamil en el que degustar un buen arroz con verduras con un delicioso dhal, acompañado de un refrescante zumo de zanahorias y de postre... Un viaje en el tiempo a través de un gran vaso de chai. Por unos segundos mi paladar me transportó al país del que un día me enamoré, y entre risas y buenos recuerdos, Benjamin y yo empezamos a recordar algunas frases en hindi y los mejores lugares y experiencias en India. Todo ello acompañado de un ambiente único, pues la cena fue servida en una terraza con vistas a las petronas y a la kuala lumpur negara, que ahora sí, estaban totalmente iluminadas, como dos gigantes que velan por la seguridad de la ciudad. El día no podía acabar mejor, así que ya era hora de recogerse y descansar. Mañana será otro dia.

¿Otra vez me depierto asustado por un ruido ensordecedor? ¿No será otra puerta nueva? Con no muy buen humor miro por la ventana, está lloviendo a mares y lo que me ha despertado hoy ha sido un trueno que ha hecho vibrar hasta los cimientos del hostel. Hoy me quedo en la cama. Después de unas horas pasando el tiempo leyendo, parece que la lluvia afloja. Así que voy a aprovechar para ver algo de la ciudad. Hoy visitaré Los jardines del Lago. Nada más salir del hostel me dirijo a la estación de trenes llamada Luala Lumpur. Ni voy a coger un tren ni es la estación central de la ciudad. Se trata de la antigua estación central, cuyo diseño es de estilo colonial musulmán, y merece la pena una paradita para visitarla. Justo detrás de la estación me encuentro con Negara Masjid, la mezquita nacional de Kuala Lumpur. Se trata de la mequita más moderna que he visto nunca, y aunque mantiene su estructura musulmana, tiene un aire futurista, con el tejado acristalado multicolor y formas mucho más rectas a lo que estamos acostumbrados en la arquitectura musulmana.

Y justo destrás de la gran mezquita empieza mi ruta por los jardines del lago. Se trata de la más importante zona de respiro de la ciudad, donde los habitantes de Kuala Lumpur pueden desconectar y descansar junto a sus amigos y famílias gracia a la variedad de actividades de ocio de que dispone el parque. Me encuentro en una gran colina, en la que se se puede visitar el aviario abierto más grande del mundo, donde cientos de diferentes especies vuelan a sus anchas bajo una gigantesca red, tan grande que no se alcanza a ver de un solo vistazo, sino que hay que rodear el parque para verla por trozos. No entré porque no estoy tan interesado en las aves como para pagar los 48 ringgits (12 euros) que me pedían en la entrada, así que mejor ahorrarlos para alguna actividad que me llame más la atención. Además del aviario, también podemos visitar el planetario con su maqueta a escala del Stonehenge de Inglaterra. También hay dos jardines muy bien cuidados, uno de orquídeas y otro de hibíscus, así como un enorme parque infantil, un relajante lago donde pasear en barca, el monumento nacional, un anfiteatro para conciertos y otros eventos y una pequeña reserva de bambies, donde descubrí que existen razas del tamaño de un chihuaha. Para los curiosos, se llaman Kancil y mousedear , y no pude hacerles fotos porque estaba oscureciendo y había una red metálica entre ellas y yo. Eso sí, me reí un montón. Si investigais un poquito también veréis que forman parte de fabulas contadas a los niños de forma tradicional. Pues después de visitar el parque, y haber disfrutado un poquito de éste corto día, me dirijo dirección el hostel para una buena ducha, cenar y a dormir.

Buenos días! Éste es mi tercer y último día en Kuala Lumpur. Esta vez visito el norte de la ciudad. El motivo es que me resulta injusto y a la vez muy interesante visitar el barrio malayo de Kuala Lumpur. ¿Solamente Chinatown y Little India son dignas de ser visitadas por turistas? ¿Pero no estoy en Malasia? Pues sin hacer caso a recomendaciones me dirijo a Kampung Bharu, el barrio malayo de la ciudad, donde, para mi sorpresa, encuentro lo que realmente me gusta de un lugar, su autenticidad. Nada más bajarme del tren, la gente me mira como a un extraño, cosa que en el centro de la ciudad no pasa. Todo el mundo me saluda con una alegre sonrisa, me preguntan de que país soy, incluso muchos tocan el claxon de sus vehículos al pasar por mi lado. El barrio, se encuentra justo detrás del precioso parque que rodea las Torres Petronas, dandole un significativo contaste a la ciudad, pues desde aquí se puede apreciar la combinación entre la antigua Malasya y su acelerada evolución hacia la modernidad. Antiguas casas de madera de una sola planta, entremezcladas con pequeños restaurantes self service de comida malaya, albergan a una población no tan moderna. no tan occidental, mucho más auténtica. En Kampung Bharu no se vive tanto la mezcla del centro, donde se pueden ver restaurantes indios en chinatown, o tiendas de chinos en little india, aquí todas las mujeres visten con el pañuelo en la cabeza, y los rasgos de los habitantes de kampung Barhu son puramente malayos. Al acercarme a un restaurante para comer algo, todas las miradas se dirigieron a mi, entre risas y admiración, gestos de sorpresa, fui amablemente atendido por la pareja dueña del local. Como era self service aproveché para probar de todo un poco, rico pescado a la brasa, carne seca especiada, pollo con salsa dulce, y como no, un buen plato de arroz. Mientras comía, en la televisión emitían una película de cine malayo antiguo, o por lo menos daba la sensación de no ser muy de ahora, pero algunos no pudieron resistir la tentación de pasar la hora de la comida mirandome y riendose, haciendo gestos y carantoñas. Ahora sí, me siento de nuevo en Asia, el continente desconocido en el que mis ojos redondos o mi tullida barba son motivo de sorpresa.

Después de la agradable comida, seguí caminando hacia el norte, hasta encontrarme con otra zona de ocio y descanso, el lago Titiwangsa. Hoy es domingo, así que creo que he elegido el mejor día para disfrutar de este gran parque, donde apenas hay un gran lago y un escenario, pero donde la gente disfruta de su día libre compartiendo buenos momentos con sus gentes, y disfrutando de las actividades y hobbies que más les gusta. Entre otros, pude contemplar a jovenes estudiantes de artes marciales practicando sus técnicas más estratégicas, padres llevando a sus hijos al parque, o el momento más divertido, el concurso malayo de jovenes promesas del heavy metal, donde montones de grupos amateurs desafinaban sus instrumentos y sus voces imitando a clásicos como Metállica, AC/DC o Nirvana. Desde el lago hay unas mágnificas vstas de las colinas que rodean la ciudad, y entre ellas pude ver una enorme nuve negra que avanzaba a pasos acelerados. Oh, Oh! Me toca correr hasta la estación de tren. Hasta Pronto!













viernes, 12 de octubre de 2012

Abu Dhabi


Hola a todos!

Ya estoy aquí de nuevo para poneros al día de las aventutras que la mochila que llevo a cuestas (Mochila Asiática) y yo empezamos a vivir de nuevo por este hermoso continente. Para los que no estáis informados, el blog dejó de publicar posts en Mayo por que tuve que volver a España a arreglar papeles, a la boda de mis primos y a hacer algo de dinero para volver a reanudar esta aventura. Ahora, con los deberes hechos, vuelvo a ilusionarme por aquello que dejé pendiente, mi camino por Asia.

Muchos os pregutaréis donde estoy. Pues es mi segundo día de viaje, y os escribo desde un abergue en Kuala Lumpur, capital de Malasia. Pero llegar aquí no ha sido ni fácil ni aburrido. Cuando estaba todavía en Barcelona mirando vuelos (siempre busco el más barato), me dije que no me importaba cual fuese el destino, el día de salida o cuantas escalas tuviera que hacer siempre que se cumplieran 2 condiciones: que fuese un país asiático y que el precio fuese el mínimo posible. Y así encontré mi vuelo hacia Kuala Lumpur, con 3 escalas. Saldría de Barcelona a las cinco de la tarde para después de 2 horas de vuelo llegar a Bruselas. Esperar tres horas en el aeropuerto y volver a tomar un avión, éste de 6 horas de vuelo, hasta Abu Dhabi. En Abu Dhabi estaría 20 horas de escala comprendidas entre las 6.30 de la mañana y las 2,30 de la noche. ¿No es perfecto para visitar la ciudad? Y encima los Emiratos Arabes Unidos no piden visado para los visitantes de la Unión Europea. Y después de la visita a Abu Dhabi, volvería a tomar el último avión destino Kuala Lumpur. Después de 40 horas de intenso viaje y muy muy agotado, me encuentro en la cama de mi albergue en Malasia y decido escribir este primer paso de la nueva aventura. Así que empezaremos esta nueva temporada con mi estancia de un día en Abu Dhabi.

La noche anterior al viaje había dormido 3 horas. ¿Por que? Porque hay que aprovechar las últimas horas en España saliendo de parranda. En el vuelo a Bruselas pude dormir crerca de 30 minutos y en de destino a Abu Dhabi una hora y media aproximadamente. Así que me presento en la capital de los Emiratos Arabes, con 20 horas para aprovechar al máximo y un sueño que me moría. ¿Que se hace en estos casos? Echarle un par, y luchar contra el sueño y el cansancio durante todo el día. Me vestí con la mejor de mis sonrisas, avisé a mis piernas de que hoy no pararíamos y me fuí directo al corazón de la gran ciudad árabe. Antes, debía cambiar algo de dinero para pasar el día. Cuando me acerco a la ventanilla de cambio de divisas me llevo la primera decepción del país. Un opaco burka de color negro esconde la supuesta belleza inadmirable por las leyes musulmanas de la chica o mujer que iba a cambiarme el dinero. Deberé irme acostumbrando a que no todos los países ni culturas disfrutan de las libertades de mi tierra natal, pero ante todo, tolerancia y respeto. Al salir del aeropuerto ya noto un calor asfixiante que me dificulta la respiración por segundos hasta que me acostumbro al elevadísimo nivel de humedad. Quien haya estado en Asia o Caribe sabe de que hablo. Estoy en el aparcamiento del aeropuerto pero no veo nada más allá a 5 pasos de mi. ¿Qué pasa? Se puede ver la humedad, haciendo volar el estado gaseoso del agua y que no permite ver más que una pared blanca. Bonita estampa de la tímida ciudad. Bienvenido a la nada.

Evito a taxistas y compañías privadas de buses que intentan convencerme de que són la mejor opción para viajar al centro, me informo donde se toma el bus local. Haré parada en Sehikh Zayed, la Gran Mezquita de Abu Dhabi. Se trata de un imponente templo situado en la entrada norte de la ciudad, el cual da la bienvenida a cualquier visitante con su visible exposición, ya que se trata de un gigante edificio construido en medio de nada. Cuanto más me acerco a él, más disfrutan mis ojos. El reluciente márbol blanco, la elegancia de sus minaretes, la majestuosidad de sus cúpulas. Se nota que es una mezquita moderna, fue construida en 2007 y la ciudad donde está construida, pues ha dejado huella en el lujo que la compone. Los Emiratos Arabes Unidos es uno de los países del mundo con mayor producción de petróleo anual, por lo que podréis imaginar que dinero no es lo que falta en este país. Así que decidieron construir esta preciosa mezquita, la tercera más grande del mundo, con 600 millones de dolares. Bañada por enorme piscinas y fuentes, rodeada a los cuatro vientos de cientos de columnas con motivos tallados es piedras semipreciosas sobre mármol blaco, envuelven un lujoso interior que alberga la alfombra más grande del mundo y lámparas de cristal swarosky valoradas en más de un millon de dolares cada una. Así como EAU es el país del dinero y el lujo y ello se nota en la limpieza de sus ciudades, educación de sus gente, y el interminable lujo que ostentan tanto con sus coches como ropas y arquitectura moderna, también es el país de la represión y el control del pueblo a través de un exceso de implantación de la interpretación de las leyes islámicas. En e caso de la mezquita se ve por la imposición en la normativa de vestimenta, que no deja al hombre ir en pantalón corto y a ninguna mujer, sea de la religión que sea la obligan a ir tapada de cuerpo entero y cabeza también. Aunque resulte gracioso ver a decenas de chinas haciendose fotos tapadas hasta elmás mínimo pelo, no deja de sorpender la dureza del control y desigualdad de sexos establecido. Además, hombres y mujeres entran a la mequita por diferente puerta.

Y después de visitar la gran mezquita tomo de nuevo un bus hacia Marina Mall. Se trata del mayor y más lujoso centro comercial de Abu Dhabi, donde se puede observar a los jeques y millonarios de la ciudad (que no son pocos), acompañdos de sus esposas para comprar cualquier tipo de capricho sin la más mínima intención de mirar cuál es el precio que pone en la etiqueta. Y así es, porque Abu Dhabi es la ciudad donde no verás un coche barato o pequeño, donde no verás un ciudadano pidiendo en la calle, es la ciudad donde las necesidad materiales están más que cubiertas para sus habitantes. Derroches inmesurables de dinero en ropa, joyas, restaurantes, hoteles, yates... Marina Mall se encuentra en una pequeña peninsula al oeste de la ciudad, y desde allí se puede visitar el interminable paseo marítimo, de más de 8 km, donde los rascacielos pelean para comprobar quien es el que toca antes las nubes. Cientos de enormes edificios dispuestos en línea frente al mar, en el cual no hay ni una sola ola ya que se construyó un enorme rompeolas que llega hasta el fin del paseo para la comodidad de los bañistas. Como las mejores vistas de la ciudad y el paseo son desde el rompeolas, lo visité caminando de punta a punta del mismo, del cual pude hacer buenas fotos de los edificios, además de visitar el teatro nacional y un museo al aire libre, Este museo se llama Heritage Village y explica la cultura tradicional árabe con muestras y maquetas a tamaño real de la vida en el desierto, en el que se pueden visitar casas de hoja de palmera, construidas con piedra o incluso enormes jaimas de tela.

Y como no podía irme sin probar el agua del Golfo Pérsico, me puse el bañador y me di un chapuzón rodeado de los enormes rascacielos. El agua estaba limpia y muy transparente, pero también tenía una temperatura de jacuzzi que no me gustó nada. Sí, soy un chico de aguas frías, y considero que un chapuzon debe refrescarte después de muchas horas andando a 40 grados con efecto humedad y con una mochila de 12 kg a la espalda. Ahí os dejo una foto de remojón.

Y para terminar el día visité el Emirates Palace Hotel. Se trata del hotel cuya construcción es la más cara del mundo, ya que el estado se gastó más de 3 billones de dolares. Está permitido visitar la primera planta, y ver la belleza de su interior. Un relaciones públicas del hotel me explicó un poco la história y algunas anécdotas, como que en este momento estaba alojado Bill Gates, o que se iban a celebrar los eventos más iportantes del Festival de Cine de Abu Dhabi.

Lo que más me ha gustado de Abu Dhabi, que al tener exceso económico, las entradas a los lugares turísticos son  gratuitos y el transporte público muy barato. Además de la amabilidad y cortesía de sus gentes, muy bien educadas. Y lo que menos es el excesivo control y represión del pueblo. Aunque entre la fe y la economía podría decir que los Emiratos Arabes Unidos es un país clasificado a mi parece como País Feliz. Sé que estos temas dan para largos e inquietantes debates, así que ahí os dejo con vuestras reflexiones sobre materialismo y religión. Un fuerte abrazo a todos. Hasta muy pronto.








jueves, 20 de septiembre de 2012

Hasta Pronto


¡Hola a todos!

En primer lugar quería disculparme ante vosotros, los lectores de Mochila Asiática, por haber abandonado el blog sin una despedida. No tengo excusas, pero la vuelta a casa fue tan.. “extraña”, que no encontré el momento idóneo para escribir un final. Ya he aprendido que para la próxima vez, me despido desde el lugar de despedida. 

Ahora, a punto de reemprender de nuevo la aventura por tierras asiáticas, me veo obligado a darle un fin, o mejor dicho un punto y seguido, a mi primera estancia en oriente. Pero eso sí, voy a hacerlo como debería haberlo hecho en su día. Así que necesito un poco de colaboración por vuestra parte, para que esto salga bien. Os pido un poco de imaginación para que podamos retroceder en el tiempo y transportarnos a aquel mes de mayo en que la aventura estaba contando la marcha a atrás para la llegada de su fin. Entonces… ¿todos concentrados? Pues vuelvo a empezar.

¡Hola a todos!


Aquí estoy de nuevo, entre penas y alegrías, pues hoy no voy a describir un bonito paisaje, ni una aventura con las gentes de Nepal, ni nada que se parezca a cualquier post escrito hasta hoy. Estoy aquí para disfrutar recordando, para añorar y para dar la despedida a este increíble viaje que ha durado 3 meses y 3 semanas. Parece mentira que haya pasado tan y tan rápido el tiempo, pues aún recuerdo aquel 23 de Enero en que mi mente estaba confusa y mi cuerpo inseguro. Había dejado mi trabajo, mi familia, mis amigos, mi piso, mis costumbres… ¡Mi vida! Me lanzaba al vacío, a un país desconocido, misterioso,… a la “acojonante” India. Cubierto de miedo y mucha incertidumbre subía a un avión, el vuelo de las ilusiones, del explorador de países desconocidos, el avión del echar de menos, de extrañar a mi gente nada más poner un pie en él. Un vuelo que sabía que cambiaría mi vida y mi forma de pensar, cambiaría mi punto de vista sobre el mundo, pero no sabía en qué dirección iría ese cambio. Acaba de detener mi vida por completo y subir a ese avión era como volver a nacer. A partir de entonces, crecería un nuevo Carlos, al que siquiera yo conocía.

Después de un largo viaje, doy mis primeros pasos en la tierra sagrada, la India. Mi llegada a Bombay fue como entrar en un mundo de fantasía, todo es diferente a lo que yo conozco. Entiendo que debo resetear mi cerebro, olvidarme de lo aprendido, reaprender de nuevo. Paso del frío invernal de Barcelona al calor tropical de Bombay, los olores son diferentes, las personas tienen otro aspecto, las vestimentas, y sobretodo… el ajetreado movimiento de la ciudad. Entre el sonido de cientos de cláxones y entusiasmado por conocer todas las novedades que mi mente es incapaz de asimilar en ese momento, tomo el taxi que me lleva a iniciar esta gran aventura a la que comercialmente llamé Mochila Asiática y a la que personalmente llamo La Aventura de mi Vida. 

Y ahora, después de 3 meses y 3 semanas tengo que decir adiós a Asia. Pero no estoy dispuesto a abandonar para siempre este fascinante continente, por lo que regreso a España a solucionar unos asuntillos pendientes, a ver a mi gente, a hacerme de algo de presupuesto para que en breve (octubre), estar de vuelta para seguir viviendo mi aventura oriental, y poder contaros cosas sobre los interesantes lugares que visitaré entonces.

Pero esto será pasado el verano, y ahora hay que tocar con los pies en el suelo, vuelvo a casa. Después de estar 3 meses y 3 semanas viendo a mi familia y amigos a través de una webcam, nada me apetece más que poder darles un abrazo en persona, disfrutar de buenos momentos con ellos. Así que es una alegría poder volver a casa y estar con mi gente.

Por otra parte, siento que es muy pronto para volver. Cuando uno está en casa y se plantea viajar por largo tiempo, casi 4 meses parecen una eternidad. Pero ahora, una vez transcurrido ese tiempo, y habiendo estado en países con una cultura tan profunda y diferente como India y Nepal, 4 meses no valen para más que empezar a saborear la realidad del país. Cuando llegué a india, el choque cultural provocó que mi cabeza no entendiera nada de lo que veía, simplemente me dediqué a curiosear y disfrutar con la exploración. Lo comparo como un parto hacía la nueva vida, donde la llegada al mundo hace que la cosa más minúscula e insignificante llame nuestra atención. Yo me sentía como un niño salido del vientre de mi madre, pues acababa de salir de mi burbuja occidental. Cuando van pasando los días vas conociendo un poco mas de la cultura, las diferentes religiones de la India, las variadas formas de vida, etc.… En ese momento te das cuenta que tienes un nuevo mundo ante tus sentidos, que nada se rige por las leyes de occidente. Todo un mundo que descubrir en tan solo 3 meses. ¿Podéis imaginarlo? Ese es el motivo por el cual escribí el post el día que mi visado de india finalizaba y tenía que cruzar la frontera en dirección Nepal. Nunca había imaginado estar 3 meses en un mismo país, pensé que mi culo inquieto no aguantaría “tanto tiempo”. Y me vi abandonando el país con la miel en los labios, con ganas de seguir explorando, aprendiendo, profundizando en la cultura, religión, sociedad, historia… Los 3 meses me habían dado lo justo para oler el extraño pero atractivo olor de la India, y engancharme a él como la peor de las drogas. Y con esto no quiero decir que no haya aprendido nada, sino todo lo contrario. Conozco los principales dioses del hinduismo, sus atributos y algunas de sus historias y anécdotas, conozco algunos cuentos de la mitología hindú, y he llegado a sentirme medianamente adaptado con las costumbres del país, o por lo menos, no tan perdido. Conozco los principales platos de la cocina de India, y sé elegir lo que más me gusta de un menú. Incluso he aprendido algo de la lengua hindi y empiezo a comunicarme con ellos en su propio idioma.

Pero la India es un país tan profundo y diferente… Nada más y nada menos que 5.000 años de historia. Me gustaría profundizar más en su religión y mitología leyendo libros sagrados como el Gita o los Upanishads, conocer más sobre su historia pacifista, su ancestral medicina ayurvédica, sus costumbres, formas de vivir, etc.…

Al llegar a Nepal, vuelta a empezar. Me encuentro con un país con nuevas costumbres, nueva religión (budismo), nueva cultura, nueva comida. Otro nuevo mundo por descubrir, pero esta vez solo tengo 3 semanas. 

Si podéis poneros por un momento en mi piel entenderéis por que no es el momento de volver a casa. Pero mis obligaciones occidentales me obligan a hacer un paréntesis en el camino y decir, no adiós, sino hasta pronto a ésta mágica aventura de descubrir Asia.
Y antes de despedirme y volver a casa, quiero dedicar mis última palabras a agradecimientos, pues este increíble viaje se ha hecho mucho más cómodo, fácil, agradable e interesante gracias a muchas personas que han formado parte de él.

En primer lugar doy gracias a mi familia, por la tolerancia y apoyo ofrecidos. Imagino que es difícil para un padre y una madre entender que un hijo decida dejar todo en su vida para viajara a 12.000 km de distancia en busca de algo que llaman felicidad. Pero ellos lo han hecho de forma inmejorable. No solo lo han aceptado mi decisión sino que además he contado con su apoyo en todo momento. Nunca he encontrado una duda en ellos, ni han sido un obstáculo para mi, sino todo lo contrario, me han dado fuerza para emprender esta aventura. Saber que tienes un hombro en el que derrumbarte o una sonrisa con la que celebrar, pase lo que pase, no tiene precio. Gracias Papa. Gracias Mama.

Pero mi familia no es solo mi padre y mi madre. También tengo una hermana y un cuñado, que aún teniendo vidas y formas de pensar muy diferentes , han estado a mi lado en cada momento, se han interesado por mi aventura y por como estoy, y han seguido cada paso que he dado. Gracias Jose y Laura.
Gracias también a todos mis amigos, a los que me han comprendido más, y a los que menos también. Porque un amigo es eso, entiendas o no las decisiones de tu compañero, sigues ahí a su lado, ofreciéndote para lo que se te necesite, aun pensando que tu amigo esta cometiendo la mayor locura de su vida. Gracias a todos los que sabéis y se que estaréis siempre a mi lado, apoyándome en mi forma de vivir, la compartáis o no. 

Gracias también a Dhwani y a la familia Pandya por su amistad incondicional, por enseñarme una gran parte de las profundidades de la India, por guiarme en mi camino, por su hospitalidad y afecto, por ser mi gran apoyo en un país que no es el mío, por no dejar nunca que me sintiera solo en india. Dhanyabad Pandya family.

Gracias también a Kamal, y a la familia Koirala, por acogerme en su casa durante mi estancia en Pokhara, por ser tan cariñosos y hospitalarios conmigo, por no dejar que el día de mi cumpleaños pasara sin una celebración, por hacerme sentir que tengo una familia en Nepal. Gracias a las personas que nada tienen y todo lo dan. Dhanyabad Koirala family.
Gracias a todas aquellas personas que se han cruzado en mi camino, mochileros de todos los países del mundo, que me han dado compañía, cariño, buenas conversaciones, apoyo en los momentos duros y risas en los momentos de diversión. ¡Feliz camino mochileros! Espero cruzarme de nuevo con vosotros en cualquier parte del mundo.

Y para terminar quiero dar gracias a los niños, a los que quiero dedicar este último post. Sí, sí, a los niños. Porque cuando ya no puedes más, cuando el cansancio físico y mental pueden con tu estado de animo y tu buen humor, cuando piensas ¿Qué hago yo aquí?, cuando todo se derrumba. Siempre hay una inocente sonrisa de un niño dispuesta contagiarse y ha hacerte sonreír. Porque los niños del mundo, sean de donde sean, pobres o ricos, de cualquier religión, casta o condición social, tienen un tesoro que nadie les puede quitar: una sonrisa tan pura que hace levantar hasta la más hundida de las almas. Y como he dicho al empezar este post, mi vuelo a la India fue como el parto hacia una nueva vida, en el Sur di mis primeros pasos, y en octubre volveré a viajar a Asia. Muchos me preguntan… ¿Otra vez? ¿para que? Para seguir viviendo de mi inocencia, para recuperar mi sonrisa de niño, para volver a disfrutar de mi niñez.

 ¡Hasta muy Pronto! Un fuerte abrazo a todos.

PD: Os dejo este enlace a google donde podréis consultar la ruta del viaje completo, para localizar cada post en el mapa. Espero que os guste. 

jueves, 5 de julio de 2012

Pashupatinath y Boudha

 Hola a todos!

Entre pena y alegría, llega mi último día de excursiones, pues ya me queda menos para volver a casa y tengo que acabar mis compras y gestiones para la vuelta. Me entristece acabar con esta aventura, porque después de cuatro meses tengo la sensación de que no ha hecho más que empezar. Vamos, que no es mi momento de retirarme. Pero como dejé cosas pendientes antes de venirme, hay que hacer un kit kat para poder volver después y seguri con la aventura. Por otra parte, voy a poder ver a los míos, disfrutar de mi família y mis amigos. Es el único motivo que me ayuda a afrontar la vuelta, porque el reencuentro con mi gente no tiene precio.

Pero bueno, vamos a dejar de pensar en la vuelta, que todavía me quedan dos días aquí, y hoy pienso aprovecharlo al máximo. Si algo me ha enseñado este viaje es en vivir el presente. El pasado nos condiciona por las experiencias y aprendizajes y el futuro... es impredecible. Así que vamos a vivir el presente.

Como ya hice en la excursión a Bhaktapur, no me la voy a jugar con el transporte, cada día se vive más tensión en la capital y las manifestaciones son constantes. Así que me dirijo a la estación de taxis para negociar el trayecto al barrio de Pashupatinath. ¿Os acordáis de cuando estuve en Varanasi? La ciudad de la vida y la muerte en India, donde los hinduistas van a morir para ser lanzados al Ganges. Pues Pashupatinath es un pequeño Varanasi en Nepal, el barrio donde se realizan los rituales funerarios, tanto hinduistas como budhistas, y las cremaciones para la liberación del alma. ¿Por qué aquí? Porque es el lugar donde el río Bagmati cruza la ciudad de Kathmandú. A ver, os explico, porque todo tiene un sentido. El río Ganges es el río sagrado del hinduismo, y todo hinduista debe ser cremado en sus orillas para acabar en sus aguas. Pues el río Bagmati es el único afluente del Ganges que cruza Nepal y pasa por al capital, con lo cual es considerado parte del río Ganges, ya que arrojando las cenizas de sus difuntos en el afluente, sus aguas las arrastrarán hacia el Ganges, y así pueden finalizar el ritual funerario sin la necesidad de viajar a Varanasi.

La construcción del complejo funerario está diseñada igual que en Varanasi, pero en miniatura. Hace miles de años se construyeron los ghats (escaleras) que descienden al río, donde los hinduistas pueden bajar (siemrpe descalzos), para realizar las abluciones sagradas, es decir, los baños purificantes para la limpieza del alma. Los ghats están situados a los pies del templo de Pashupatinath, el templo sagrado considerado la puerta entre la vida y la muerte, un trampolín hacia la reencarnación y la salvación del alma. Una de las diferencias más importantes enter Pashupatinath y Varanasi, son las variaciones socioculturales que hacen que el funcionamiento de los crematorios trabaje de una forma u otra. La India es un país receloso a la modernidad, reacio a la pérdida de sus costumbres ancestrales. Es lo que hace de la sociedad india, una comunidad a la que amas y odias a la vez, pues conservar esas costumbras tan antiguas y el rechazo de la entrada de occidente, capitalismo y costumbres "modernas" la hace un país hermoso y peculiar. Pero el odio viene con la incomprensión hacia algunas de sus intolerantes costumbres, como la falta de respeto al ser humano derivada por el sistema de castas, o la a veces discriminación de la mujer. Pues Nepal no es país reacio a los cambios, lo que le convierte en un país más tolerante y justo, pero a la vez mucho menos interesante por su pérdida de identidad. ¿A dónde quiero llegar con todo esto? Pues a que uno de los lugares donde más se aprecia el respeto o falta del mismo hacia ciertas clases sociales es en el crematorio. En Varanasi hay selección de crematorio según la clase social o casta (si tienes dinero te creman en la zona Vip, sino en la zona de pobres), las mujeres no pueden asistir a los ritos funerarios, y solo pueden ser cremadas las personas de religión hinduísta. En Nepal, la evolución de la sociedad con entrada de la República hace 10 años, ha ilegalizado el sistema de castas, que aunque socialmente algunos sectores sigan creyendo en él y poniendolo en práctica, legalmente se han eliminado barreras a la tolerancia. Esto quiere decir que no hay distinción de crematorio según el dinero que tengas, incluso es posible ser cremado en el crematorio real. En temas religiosos, Nepal se encuentra geográficamente ubicada entre la zona de El Tibet en China, que son Budhistas, e India que son Hinduistas, y aunque la religión oficial del país es el Hinduismo, la mayoría de la población practica más el budhismo, e incluso mucha gente practica las dos a la vez. Hay que recordar que son muy parecidas, pues Budha fue una de las reencarnaciones de Vishnú, uno de los tres dioses principales del trimurti hinduista. Esta variedad religiosa y la aceptación de la doble religión hace que cualquier persona, sea de la religión que sea, puede cremada en Pahupatinath. Y por último, la mujer tienes más derechos en Nepal y es más respetada, por lo que puede asistir al rito funerario e incluso formar parte de el como uno de los papeles principales, siempre detrás de sus hijos varones, claro está.

Pues al llegar a Pashupatinath, las sensaciones volvian a recordarme a Varanasi. El incesante olor a carne quemada, el humo y las llamas en la orilla del río recordándo que una persona estaba ardiendo allí dentro, mezclado con el misticismo espiritual de los rituales de muerte y reencarnación de los familiares, hacen que a la vez que se te gira el estómago veas aquello con una belleza única, un lugar donde pasar horas y horas entre angustia y maravillado. Tuve la suerte de poder disfrutar de un ritual completo de cremación, y aunque fueron más de 3 horas, no desperdicié la oportunidad de acompañar en la distancia a la familia en todo el proceso del funeral. En primer lugar observé como transportaban al difunto a la orilla del río, donde lo decubrirían para poder purificarlo con el agua sagrada del Bagmati. Los hijos varones, acompañados de tíos y sobrino del difunto, lo llevan con una cama de bambú desde la zona de purificación con agua a la zona de cremaciones. Al llegar al crematorio asigando, lo rodean tres veces en sentido de las agujas del reloj. Después lo depositan con la cara y los pies descubiertos en la pira funeraria, una aglomeración de maderas perfectamente dispuestas para que el difunto pueda permanecer durante todo el proceso. Una vez el difunto está colocado, llega la hora de las ofrendas. Todos los familiares, uno a uno y por orden de importancia jerárquica, llevan flores que depositan encima del cuerpo del difunto mientras recitan algun mantra sagrado. Al finalizar las ofrendas, lo único que se ve es una enorme montaña floral encima del cuerpo, con muchisimos colores, pero sobretodo el naranja, rojo amarillo y similiares, pues son los colores sagrados del hinduismo. Ahora sí, el hijo mayor coge una antorcha con fuego, la hace girar tres veces alrededor del cuerpo en sentido de las agujas del reloj, y deposita la llama bajo la cama de leña. La família se retira al lugar de observación, ya que ahora toca esperar dos horas y medía hasta que el experto en cremaciones haya terminado la movilizacion de los restos para una correcta cremación. La família no puede retirarse en ningún momento, ya que tienen que dar fe de que su familiar ha quedado totalmente convertido en cenizas, ya que cualquier resto de carne no quemada no permitiría la liberación del alma, y podría quedar atrapado en el mundo terrenal. Una vez termina la cremación llega la hora de lanzar las cenizas al Bagmati. El hijo mayor hace la promera acción para ser seguido protocolariamente por los familiares. Las cenizas se arrojarán a río con el lanzamiento de cubos de leche de vaca, pues es el animal sagrado del hinduísmo, la madre de todos los hindúes, y su leche el alimento con que ha dado la vida a toda la humanidad. Y así finaliza la ceremonia funeraria en Pashupatinath. Es mediodía, no he comido pero el acto ha cerrado mi estómago por completo, incluso me encuentro algo mareado debido al humo, el olor y el cúmulo de sensaciones que provoca a un occidental lo que yo acabo de vivir. Así que decido salir de allí con la sensación de haber vivido uno de los rituales más hermosos del mundo. Ojalá mi família estuviera preparada para hacerme un fueral com éste. Yo acabaré en un horno como si de una pizza se tratara.


Me dirijo a la estación de taxis, y negocio el precio para visitar Boudha, la estupa más grande del Valle de Kathmandú. Al llegar, me impresiona mucho su tamaño. És increíble lo que se hacía antiguamente como lugar de rezo. Vale, sí. Las estupas, una vez visto una las has visto todas. Pero Boudha es especial por su tamaño. Situada en una plaza interior, rodeada de altos edificios, y todos los visitantes rodeandola en sentido de las agujas del reloj. Monjes budhistas, debotos, turistas, todos mezclados frente a la gigante campana blanca. Los ojos de Budha pintados en las cuatro pareces de la parte superior sobre la cúpula, y las infinitas tiras de banderines de colores, símbolo de la suerte budhista. Alrededor de la plaza, miles de tiendas con souvenirs y artículos religiosos, tanto pertenecientes al Tíbet, Nepal, India y a la religión budhista e hinduísta.

Justo en el estremo sur de la gran estupa, un monastério budhista de tres plantas de alto. En la primera planta, un cilindro giratorio de dimensiones enormes, donde los fieles lo hacen girar para su bendición. Las paredes pintadas con deidades de la antiguedad, pasajes de los textos sagrados, de las historias y metáforas extraídas de las tradiciones religiosas más antiguas del mundo. En la segunda planta las paredes también estaban pintadas con más pasajes religiosos, pero en esta se encontraba la sala principal de rezo, donde justo en este momento se encontraba un grupo de monjes budhistas haciendo sus oraciones, acompañados de los instrumentos más exóticos, entre ellos una caracola de mar gigante. En la tercera planta, un balcón con mirador hacia la estupa, con las mejores vistas del enorme monumento, acompañado de esculturas religiosas bañadas en oro.

Al terminar mi visita al templo, veo un restaurante con comida típica de Bangladesh. Yo, amante de las nuevas experiencias gastronómicas, aún teniendo el estómago girado por la experiéncia de Pashupatinath, me aventuré a probar las delicias de un país desconocido para mi. Me sirvieron una picante pero deliciosa sopa de verduras, carne de bufalo cocinada con una salsa exquisita y una masa de harina a medio cocer, para mojar con la sopa o convinar con la carne. Me sentó de maravilla. Y después del banquete, de vuelta a Kathmandú, donde me espera Gibson, el chico americano que conocí en el ascenso al Anapurna, para tomar unas cervezas brindando por su cumpleaños y su inmediata despedida. Gibson se iría 2 horas más tarde de nuestro encuentro hacia el aeropuerto de vuelta a su ciudad, pues su viaje había finalizado después de 8 meses en países africanos y asiáticos. Pero insistió en verme, pues me dijo que sus últimos momentos en Nepal quería disfrutarlos conmigo, compartiendo una fría cerveza Tuborg. Más que agradecido, disfrute de unas risas y recordando aventuras e historietas de nuestros viajes. En estos momentos te das cuenta que viajar no es solo aprender, ver, andar, conocer... Viajar es también coger cariño a personas, conocerlas en profundidad, en tiempos record, pues viajando todo se intensifica y te lleva a un estado de VIVIR máximo en que todo es positivo y crecimiento. Thank you Gibson. My best friend for few minutes. Enjoy coming back with your people.









martes, 3 de julio de 2012

Bhaktapur

 Hola a todos!


Hoy me encuentro estupendamente, el cansancio ya casi ha desaparecido y cada día oigo mejor. Así que va siendo hora de salir de Kathmandú y hacer una bonita excursión. Mi destino de hoy es Bhaktapur, preciosa ciudad medieval a tan solo 18 kilómetros de la capital nepalí. He oído hablar de este lugar como el más bello de los paisajes del conocido Valle de Kathmandú en boca de todos los viajeros que han pasado por Nepal, así que voy con algo que no me gusta: una idea preconcevida y altas expectativas. Como leí una vez en un libro, las expectativas son las causa de toda decepción, problema o depresión. Así que intento borrar de mi cabeza las alabanzas de los viajeros respecto el lugar. Eso sí, otra advertencia que he recibido es que, al igual que en Durbar Square de Kathmandú intentaron hacerme pagar entrada por visitar la plaza, aquí es exactamente lo mismo, pero con un precio más elevado. Así que vamos a la aventura y nos intentaremos colar.

Al salir del hotel me encuentro con un sofocante día de sol. Desde que llegué a Nepal ha llovido casi cada día, lluvias esporádicas ya que nos encontramos en época premonzónica. El problema de la estación húmeda asiática es que puedes salir a la calle con un sol de escándalo y en pocos minutos encontrarte con la tormenta más aterrorizante que hayas visto jamás. Pero ahora me toca caminar bajo un sol que se clava en la nuca y que dificulta la ligereza al caminar. Así que en vez de complicarme al vida en ir al centro de la ciudad en busca de la estación de autobuses, seleccionar el bus correspondiente y tragarme una hora de incomodísimo viaje hacia Bhaktapur, decido negociar duro con un taxista para que me lleve por un precio módico. Además, por lo que se comenta en la ciudad, el transporte público lleva una semana con parones constantes debido a las huelgas generales que están revolucionando el país. Prefiero no jugármela y negocio un buen precio de ida a mi destino.

Durante el trayecto a Bhaktapur, atravesamos la ciudad por la zona este, donde encontramos alguna manifestaciones. Esta vez parecen pacíficas, o por lo menos nos se lanzan objetos ni se enfrentan, por el momento simplemente protestan y cortan algunas de las principales calles de la ciudad.

Al llegar a Bhaktapur, el taxi me deja en la entrada principal, donde un agente de policía me espera para acompañarme a la taquilla. 1500 rupias (15 euros) es el precio por visitar la plaza central de la ciudad, también llamada Durbar Square. De acuerdo que estamos ante una plaza declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, pero el Taj Mahal es una de las 7 maravillas del mundo y su entrada costaba 2.5 euros menos. Así que ni hablar, no pienso pagar por pasar por la calle donde los locales pueden pasear libremente sin pagar. La calle es de todos. Así que empiezo a callejear por calles y callejones secundarios, que rodean la plaza, y voy probando en todas las entradas hasta que encuentro un callejón que lleva a la plaza sin necesidad de pasar por taquilla alguna. Entro sin que nadie se fije en mí, y puedo disfrutar del complejo de monumentos con total libertad.

La primera sensación al estar dentro fue como haber pasado la puerta de la maquina del tiempo, para llegar a la antigua Asia de las películas, donde todo es de un color marrón rojizo. Espectaculares templos de piedra y madera de inacabables y delicados detalles escultóricos y pictóricos, el gran Palacio Real presidiendo la plaza de Taleju Chowk, imponente ante la campana gigante y decenas de esculturas de las distintas deidades hinduistas repartidas por cada uno de los rincones del lugar. En la actualidad es considerada la plaza más bonita de todo Nepal, pero uno puede imaginarse años atrás, monjes hinduístas y budhistas paseando por la plaza, rezando y haciendo ofrendas de templo en templo. Así que una vez que impregné mi mirada de tanta belleza durante un buen rato, se me ocurrió la idea de retratar la vida actual de la plaza. Decenas de fotografías de los habitantes de Bhaktapur pasando por Durbar Square ya fuese de paseo con amistades y familia, por trabajo, etc... Muchas personas mayores han encontrado en este lugar un remanso de paz para sus interminables charlas y descanso después de una dura vida. Se encuentran por todos los rincones en busca de una sombra y un punto de apoyo donde sentarse a compartir batallitas y buenos momentos con sus compañeros. Os dejo una bonita foto donde los podeis ver conversando, todos ellos con su gorro típico del país, el sombrero nepalí.

Cuando decidí que había ruborizado a suficientes personas con el objetivo de mi cámara de fotos, decidí visitar el casco antiguo de la ciudad. Me hizo gracia lo de casco antiguo, pues en Bhaktapur no hay nada moderno. Si Durbar Square me había parecido un salto atrás en el tiempo, no os podéis imaginar lo que sentí al entrar en el corazón de la ciudad. Como la ruta que me propuso Lonely Planet en Kathandú me dejó satisfecho, me lanzé a hacer lo mismo en esta preciosa ciudad. Callejeando entre estrechísimas calles llenas de vida puramente nepalí, fui capaz de perderme varias veces, pues seguir el mapa en aquel laberinto se hizo algo complicado. Aún así, me dejé llevar por mi curiosidad, adentrandome en los pasajes más oscuros, disfrutando de la arquitectura napalí de antaño y de decenas de esculturas y estupas dispuestas a lo largo y ancho de la ciudad, para facilitar el rezo de cualquier persona en cualquier momento y lugar. Las gentes del centro de Bhaktapur vestían ropas más tradicionales que en la capital, y trabajan en oficios que en occidente nos parecen imposible de ver en el casco antiguo de una ciudad. Personas filtrando el cereal en medio de la la calle, gente sacando agua de pozos por no disponer de canalización de agua potable en la ciudad, transportistas cargando con balanzas chinas para repartir la mercancía entre tiendas y casas de la zona, animales correteando a sus anchas por las calles. Una verdadera maravilla que me hizo soñar en tiempos remotos, en películas dedicadas al Asia del medievo, un lugar en el que hubiera pasado algunos días disfrutando de lo que hemos perdido en la "vieja" Europa.

Y como os comentaba al principio de este post, el tiempo en Nepal época premonzónica es traicionero, y ese sofocante sol que me ha acompañado durante todo el día en mi visita a la ciudad, se retira a media tarde para dejar paso a negros nubarrones que descargaron bajo mis hombros la mayor tormenta que he visto en Nepal hasta el momento. Así que me tocó mojarme de camino a la parada de taxis, pero eso sí, para los amantes de la lluvia como lo soy yo, un paseo por tanta belleza entre agua y relampagos hizo que tanto la llegada al taxi como la llegada a Kathmandú se convirtieran en un precioso viaje que hubiese alargado encantado si mi hotel no hubiera estado a tan solo 18 km. Bhaktapur ha sido lo má bonito que he visto en los dias que llevo en el Valle de Kathmandú, siempre se agradece endulzar la vista de quien anda sin rumbo disfrutando de las grandes y pequeñas cosas de una vida de viajero.